Mi polvo inolvidable en la escala del aeropuerto

Estaba en la sala de embarque del aeropuerto de Madrid, con esa lluvia de noviembre pegando contra los cristales. El olor a café quemado del bar flotaba en el aire, mezclado con el zumbido de los anuncios de vuelos. ‘Vuelo a Barcelona retrasado dos horas’, dijo la voz metálica. Suspiré, harta de esperar. Me pedí un café solo, negro, amargo como mi humor. Ahí lo vi. Alto, con una bufanda raída alrededor del cuello, sonrisa torcida, como si el mundo le importara una mierda. Nuestras miradas se cruzaron. Él levantó la taza, un guiño. Yo… sonreí. ¿Por qué no?

Se acercó, con esa excusa tonta. ‘¿Libre este asiento?’. Su voz ronca, con acento italiano. ‘Sí, siéntate’. Hablamos de tonterías. Su vuelo a Roma, el mío a Barcelona. Lluvia, cafés malos, el frío de la terminal. Sus manos grandes rozaron la mía al pasar el azúcar. Un cosquilleo. ‘Oye, tengo una habitación en el hotel de al lado, por la escala. ¿Quieres… matar el tiempo?’. Dudé. ‘Yo… tengo poco rato’. Él rio bajito. ‘Justo por eso’. El corazón me latía fuerte. Adrenalina pura. ‘Venga, vamos’.

El cruce de miradas en la sala de espera

La habitación era impersonal, sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando frío contra la piel. Cerró la puerta y me besó con hambre. Lengua dentro, manos por todas partes. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Le arranqué la camisa, sintiendo su pecho duro, olor a colonia barata y sudor fresco. Se quitó la bufanda, me la pasó por la nuca. ‘Quítate todo’. Me desvestí rápido, pechos libres, pezones duros por el aire. Él se bajó los pantalones, polla tiesa saltando fuera, gruesa, venosa. ‘Mira esto, para ti’. Me arrodillé, la cogí en la boca. Sabía salada, caliente. Chupé fuerte, lengua en el glande, bolas en la mano. ‘Sí, así, puta…’. Gemí, excitada.

Follada urgente en la habitación del hotel

Me tiró en la cama, sábanas frías contra mi espalda. Piernas abiertas, coño húmedo expuesto. ‘Estás chorreando’. Dos dedos dentro, bombeando, pulgar en el clítoris. ‘¡Ah! Más’. Me folló con la boca, lengua lamiendo todo, succionando. ‘Qué rico tu coño’. No aguanté, corrí temblando, jugos en su barbilla. ‘Ahora mi turno’. Se puso encima, polla en la entrada. Empujó de golpe, llenándome. ‘¡Joder, qué prieta!’. Follaba duro, cama chirriando, piel contra piel chapoteando. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando. ‘Fóllame fuerte’, gruñí. Él pellizcaba pezones, nalgadas. ‘Vas a correr otra vez’. Sí, lo hice, apretando su polla. Él se tensó. ‘Me corro… dentro?’. ‘Sí, lléname’. Chorros calientes dentro, gimiendo.

Sudados, jadeando. Anuncio lejano: ‘Vuelo a Barcelona, embarque’. Mirada rápida. ‘Ha sido… brutal’. Se vistió, beso rápido. ‘Sin nombres, sin promesas’. Bajé al aeropuerto, piernas flojas, coño palpitando con su semen. Olía a sexo en mi piel, bajo la falda. Embarqué con esa quemazón en el bagage a mano. Volvería a hacerlo. Siempre.

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