Estaba en Madrid-Barajas, escala de mierda a las dos de la mañana. Vuelo retrasado, cuatro horas muertas. Me senté en el bar del aeropuerto, olor a café quemado y donuts rancios flotando en el aire. Anuncios de vuelos zumbando: ‘Pasajeros a Buenos Aires, puerta 17’. Pedí un gin-tonic, fuerte, para matar el sueño.
Él apareció de golpe. Alto, fornido, como un toro. Camisa ajustada marcando pectorales. Ojos oscuros, sonrisa lobuna. Se sentó al lado, pidió una cerveza. ‘¿Escale también?’, dijo con voz grave. Yo… asentí, mordiéndome el labio. Hablamos tonterías: viajes, jet lag. Pero sus ojos bajaban a mis tetas, apretadas en el top ceñido. Sentí el calor subiendo, la humedad entre piernas. ‘Hay un hotel aquí al lado, cinco minutos’, murmuró. Miré mi reloj: tres horas antes del embarque. Adrenalina pura. ‘Vámonos’, solté, sin pensarlo.
El Mirada en el Bar y la Decisión Loca
Caminamos rápido, el aire fresco de la noche golpeando. Check-in express, habitación impersonal: sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando frío. Cerró la puerta y me empotró contra la pared. ‘Joder, qué ganas’, gruñó. Sus manos grandes subieron por mis muslos, bajo la falda. Yo jadeaba, olor a su colonia mezclada con sudor.
Me arrancó las bragas de un tirón, tirándolas al suelo. Dedos gruesos abriendo mi coño ya empapado. ‘Estás chorreando, puta viajera’, rio. Me tiré de rodillas, desabroché su pantalón. ¡Hostia! Polla enorme, venosa, gorda como mi muñeca. Cabeza morada hinchada. La chupé hambrienta, saliva goteando, garganta abierta. Él gemía, agarrándome el pelo: ‘Así, traga toda, zorra’. Lamí huevos peludos, succioné fuerte, hasta que babeé toda.
Me levantó como un saco, tiró en la cama. Sábanas frías contra mi piel caliente. Abrió mis piernas, miró mi coño depilado, labios hinchados. ‘Voy a reventarte’, avisó. Empujó la polla de golpe. Dolor-placer brutal. ‘¡Aaaah!’, grité. Me llenaba entera, útero golpeado. Follando salvaje, cama crujiendo. Cada embestida me subía dos centímetros. Sudor goteando, clim frigida erizando pezones.
Follada Brutal Bajo la Climatización Fría
‘¡Tócate el clítoris!’, ordenó. Obedecí, dedos en mi botón, masturbándome mientras él me taladraba. Orgasmo vino rápido, coño contrayéndose alrededor de su verga. ‘¡Me corro, joder!’, chillé. Él no paró, puntuó más fuerte, tetas botando. Sacó la polla, brillante de mis jugos, y la metió entre mis tetas gordas. ‘Aprieta’, mandó. Folló mi escote, piel resbaladiza. ‘¡Toma lechada!’, rugió. Chorros calientes cubriendo mi cara, cuello, tetas. Semen espeso, olor almizclado.
No acabó. Me puso a cuatro, nalgas abiertas. Polla dura otra vez, entró en mi coño laxto, lleno de corrida. ‘Ahora por el culo?’, preguntó. Dudé… ‘Sí, pero despacio’. Lubricó con saliva, empujó. Ano virgen estirado al límite. Dolor ardiente, luego éxtasis. Me folló el culo profundo, huevos golpeando clítoris. Otra corrida dentro, semen chorreando por muslos.
Al alba, anuncios de vuelos retumbando lejano. Me limpié rápido en el baño, olor a sexo impregnado. ‘Adiós, desconocido’, besé su polla flácida. Bajé al aeropuerto, piernas temblando, coño palpitando. Embarqué con su semen seco en la piel, recuerdo ardiendo en mi maleta de mano. Mañana, nadie sabrá. Solo yo y esta escala inolvidable.