Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado tres horas. Me aburro en la sala de embarque, aire cargado de café quemado y anuncios de vuelos resonando: ‘Última llamada para París…’. Llevo un vestido ligero, negro, sin bragas, falda corta por si pinta algo. Me miro en el reflejo de la cristalera, tetas firmes bajo la tela fina.
Lo veo en el bar de al lado. Alto, moreno, unos treinta, ojos juguetones. Jeans ajustados, camisa blanca abierta un botón. Pide un whisky. Nuestras miradas se cruzan. Sonrío, él devuelve el gesto. Me acerco por un café. ‘¿Española?’, pregunta con acento francés. ‘Sí, de paso. ¿Y tú?’. ‘De vuelta a Lyon. Escala eterna’. Charla fluida, roces casuales de brazos. Siento el calor subiendo. ‘¿Hotel cerca? Mi vuelo sale en cuatro horas’, digo bajito. Él asiente, pícaro. ‘Vamos, no hay tiempo que perder’.
El cruce de miradas en la sala de embarque
Pagamos rápido, salimos al parking de taxis. Cinco minutos al motel del aeropuerto, luces neón parpadeando, olor a asfalto mojado. Habitación impersonal, 204. Clim ronroneando frío, sábanas blancas crujientes. Cierro la puerta, él me empuja contra la pared. ‘Quítatelo todo’, murmura. Manos temblando, zipper abajo, vestido al suelo. Desnuda ya, pezones duros por el aire acondicionado. Él se desnuda veloz: polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Joder, qué polla más rica’, susurro.
Me tira en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Boca en mi cuello, mordiendo suave. Manos everywhere: pellizca tetas, dedos en mi coño ya empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dice riendo. Abro piernas, urgencia total. ‘Lámeme, rápido’. Lengua experta, chupando clítoris, dos dedos dentro, follando mi humedad. Gimo fuerte, ‘¡Sí, así, cabrón!’. Anuncio de vuelo lejano por la ventana entreabierta: ‘Embarque para Roma…’. Me corro rápido, espasmos, jugos en su barbilla.
El polvo urgente en la habitación fría
Lo monto sin préservativo, no hay tiempo. Polla entra de golpe, llena mi coño estirado. ‘¡Fóllame duro!’, grito. Cabalgo salvaje, tetas botando, él agarra mi culo, azota. Sudor mezclado, olor a sexo crudo. Cambio: perra contra la ventana, polla embistiendo, bolas golpeando. ‘Me voy a correr dentro’, gruñe. ‘¡Sí, lléname de leche!’. Explosiona, semen caliente inundando, chorros potentes. Yo reviento otra vez, coño apretando su verga.
Minutos después, ducha rápida, agua caliente lavando fluidos. Vestidos a medias, él en boxers. ‘Ha sido brutal’, dice besándome. ‘Sin nombres, sin números. Adiós’. Salgo corriendo, taxi de vuelta. Annuncios ahora míos: ‘Embarque final para Barcelona’. Coño dolorido, semen goteando aún, sonrisa pícara. Recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Mañana, vida normal. Hoy, zorra de aeropuerto.