Estaba en Barajas, escala eterna hasta mi vuelo a Barcelona. El aire olía a café quemado y churros rancios del bar. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Última llamada para París…’. Me pedí un cortado, aburrida, cuando la vi. Morena, petite, con una camiseta ajustada que dejaba asomar algo en el vientre. Nuestros ojos se cruzaron. Sonrió, picante. Me acerqué.
—Hola… ¿esperando mucho? —dijo con acento francés suave.
El cruce de miradas en la sala de espera
—Unas horas. ¿Y tú?
—París en tres. Me llamo Lucie. ¿Cerveza?
Charlamos. Ella del Japón, recién llegada. Vi el tatuaje otra vez: un dragón diminuto, fuego en el pubis. Me mordí el labio. Recordé el mío, el gato salvaje justo encima del coño. ‘Coño, igual que el mío’, pensé. El corazón me latió fuerte.
—Oye… ese tatuaje… ¿puedo ver?
Se rió, nerviosa. —Ven, hay un hotel aquí al lado. Dos horas libres, ¿por qué no?
Adrenalina pura. Anonimato total. Pagamos habitación cutre, clim helado pitando.
Entramos. Sábanas blancas impersonales, olor a desinfectante. Nos miramos. Dudé un segundo.
—¿Segura? Mi vuelo…
—Shh. —Me besó, lengua ansiosa.
Nos arrancamos la ropa. Su cuerpo firme, tetas pequeñas duras. Levantó la camiseta: el dragón brillaba, escamas vivas sobre su monte de Venus. El mío: el gato ronroneaba bajo mi piel.
—Joder… igual que el mío. Toca. —Le guié la mano.
Sus dedos frescos rozaron mi vientre. Frío por el clim, pero ardor subiendo. Me tiró en la cama, sábanas crujiendo. Olía su perfume mezclado con sudor nervioso. Bajó la boca a mi teta, chupando pezón duro. Gemí.
—Tu coño… déjame olerlo.
Abrí piernas. Su nariz en mi pubis, lengua lamiendo labios hinchados. Estaba empapada ya. ‘Anuncio de vuelo’ lejano, irrelevante. Lamía lento, círculo en clítoris. Metió dedo, luego dos. Curvos, tocando punto G. Me arqueé.
—Más… joder, mételo todo.
Polvo brutal en la habitación con urgencia de vuelo
—Culo también, ¿eh? Como a mí me gusta.
Sí, lo recordaba de historias pasadas. Escupió en mi ano, dedo índice presionando. Entró suave, quemando rico. Dos en coño, uno en culo. Bombeaba, lengua en clítoris. Sudor frío por clim, calor en ingles.
—Voy a correrme… ¡oh!
Explosión. Chorros en su boca, cuerpo temblando. Ella sonrió, jugos en labios.
—Mi turno. Chúpame el dragón.
La puse bocarriba. Draps pegajosos. Lamí su tatuaje, salado. Bajé: coño pelirrojo, olor fuerte, salvaje. Abrí labios, clítoris gordo asomando. Lo succioné, dedo en su ano apretado. Gemía alto.
—Sí, cabrona… mételo profundo. Otro dedo en coño.
Tres dedos total: dos coño, uno culo. La follaba manual, lengua rápida. Se corrió gritando, piernas apretándome cabeza. ‘Vuelo Barcelona, puerta 15…’ en megafonía lejana.
Nos frotamos tetas, coños chorreando. 69 rápido: yo encima, su lengua en mi culo mientras yo devoraba su chocho. Orgasmo doble, sincronizado. Sudor everywhere, clim zumbando.
—Rápido, mi vuelo…
Una última follada con dedos mutuos. Nos corrimos juntas, besándonos salado.
Amaneció gris. Ducha express, agua caliente quemando piel marcada. Beso en labios.
—Adiós, desconocida. Buen vuelo.
—Buen polvo eterno.
Salí corriendo, maleta en mano. Anuncio: ‘Barcelona embarcando’. El coño palpitaba aún, tatuaje ardiendo bajo bragas. Recuerdo en bagage a mano, para masturbarme en el avión.