Estaba en Madrid-Barajas, escala de ocho horas antes de mi vuelo a Barcelona. Cansada del viaje desde México, decidí pillar un hotel cerca del aeropuerto. El típico de paso, con habitaciones impersonales y vistas a las pistas. Llegué al bar del lobby, olor a café quemado flotando en el aire, anuncios de vuelos retumbando de fondo: ‘Vuelo IB-345 a París, puerta B12’. Me pedí un gin-tonic, piernas cruzadas, falda corta subida un poco.
Él estaba al fondo, solo, con una cerveza. Tipazo de unos 35, moreno, camisa ajustada marcando pecho. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, yo desvié la vista, pero volví. ‘¿Escale eterna también?’, dijo acercándose, acento francés. ‘Sí, jodida espera’, respondí riendo. Charlamos: él de París a Nueva York, yo volviendo a casa. Adrenalina del viaje, anonimato total. ‘¿Y si matamos el tiempo juntos?’, soltó de repente, ojos clavados. Dudé un segundo, corazón acelerado. ‘Venga, subamos’, dije, terminando el gin de un trago.
El encuentro casual en la sala de espera
Subimos a mi habitación. Climatización helada, piel de gallina. Draps blancos crujientes, olor a limpio industrial. Nos besamos contra la puerta, urgentes. Manos por todas partes. Le quité la camisa, piel caliente contra el frío. ‘Joder, qué ganas’, murmuró mordiéndome el cuello. Caímos en la cama, falda arremangada. Sus dedos bajaron mi tanga, ya empapada. ‘Estás chorreando’, gruñó, metiendo dos dedos en mi coño. Gemí fuerte, arqueándome. Anuncios de vuelos lejanos, como banda sonora.
Le bajé los pantalones. Polla dura, gruesa, venosa. La chupé ansiosa, saliva goteando, bolas en la mano. ‘Mmm, qué boca’, jadeó él, agarrándome el pelo. Me puso a cuatro patas, nalgadas sonoras. Entró de golpe, polla abriéndome entera. ‘¡Fóllame fuerte!’, grité. Embistió salvaje, huevos chocando contra mi clítoris. Sudor mezclándose, olor a sexo crudo. Me corrí primero, coño contrayéndose, chorros mojando las sábanas. Él no paró, me volteó, piernas sobre hombros. Polla hundiéndose hasta el fondo, útero golpeado. ‘Me voy a correr’, avisó. ‘Dentro, lléname’, supliqué. Eyaculó a chorros, caliente, desbordando.
La follada intensa antes del amanecer
Nos corrimos dos veces más. Primera en misionero, tetas rebotando, uñas en su espalda. Segunda, yo encima, cabalgando su polla como loca, clítoris frotando. Gemidos ahogados, miedo a que oyeran en recepción. Cuerpos pegajosos, besos salados. ‘Esto es lo mejor de viajar’, susurré exhausta.
A las cinco, alarma. Luz gris entrando por la persiana. Ducha rápida juntos, jabón resbalando por curvas. ‘Ha sido brutal’, dijo secándose. ‘Sin nombres, sin mañana’, respondí besándolo suave. Bajamos al lobby, café rápido, olor fuerte. Nos despedimos con un roce, ‘Buen vuelo’. Él a su puerta, yo al embarque. Sentada en el avión, coño aún palpitando, semen secándose en muslos. Recuerdo quemando en mi equipaje de mano. Adrenalina pura, placer anónimo. Vuelvo a desear la próxima escala.