Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto durante la escala

Estaba en la sala de embarque, puteada por el retraso del vuelo. Dos horas de espera, mínimo. El olor a café quemado del bar me llegaba, mezclado con el zumbido de las anuncios: ‘Vuelo a Madrid, puerta 15, retrasado’. Me pedí un gin-tonic para matar el tiempo. Sudorosa del viaje, con la blusa pegada a los pechos, falda corta que subía un poco al sentarme.

Él apareció de repente. Alto, traje arrugado de ejecutivo, ojos verdes que me clavaron. Se sentó al lado, pidiendo una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron, y… uf, esa chispa. Sonreí, él sonrió. ‘¿Retraso también?’, dijo con acento italiano. ‘Sí, jodido vuelo’, respondí, mordiéndome el labio. Hablamos de tonterías: viajes, hoteles cutres. Pero el aire se cargaba. Sentí su mirada bajando a mis piernas. ‘Hay un hotel aquí al lado, escalas eternas como esta… ¿unas horas libres?’, murmuró. Mi coño dio un pulso. Anonimato total, me voy en unas horas. ‘Vámonos’, dije, sin pensarlo.

El cruce de miradas en la sala de embarque

Caminamos rápido, el eco de las maletas rodando. Recepción impersonal, llave magnética. Puerta 207. La habitación olía a desinfectante y aire acondicionado helado. Draps blancos crujientes, impersonales. Ni nos besamos. Me empujó contra la pared, manos en mi culo. ‘Quítate la falda’, gruñó. La dejé caer, tanga empapada ya. Él se bajó los pantalones, polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mira cómo estás de mojada’, dijo, metiendo dedos en mi raja. Gemí, arqueándome.

Me tiró en la cama, piernas abiertas. Lamía mi coño como un loco: lengüetazos largos por los labios, chupando el clítoris hinchado. ‘¡Joder, qué rica estás!’, jadeó, nariz en mi pubis, mentón brillante de mis jugos. Yo enredaba dedos en su pelo, caderas subiendo. ‘Come mi coño, no pares…’. Crampes en las piernas, me puse a cuatro patas, culo en pompa. Él escupió en mi ano, lamió todo: agujero, labios, clítoris. Ondulaba como perra, susurrando guarradas: ‘Méteme la lengua, fóllame con ella’. Mi flujo chorreaba por sus muslos.

El polvo urgente en la habitación fría

Se levantó, cinturón tintineando. ‘No tengo condón’, dijo. ‘Ni yo, pero métemela ya’. Se frotó la polla por mi rajita, cabezón rozando el clítoris. Entró de un golpe, hasta el fondo. ‘¡Ahhh, qué prieta!’, rugió. Bombeaba fuerte, piel contra piel, cama chirriando. Yo clavaba uñas en las sábanas, tetas balanceándose. ‘Más duro, rómpeme el coño…’. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Me volteó, misionero brutal: piernas en sus hombros, polla martilleando mi matriz. Gemía sin control, ‘¡Me corro, joder!’. Él aceleró, ‘Toma mi leche dentro’. Eyaculó caliente, llenándome, salpicando.

Quedamos jadeando, cuerpos pegajosos. Anuncio en el móvil: vuelo embarcando pronto. ‘Tengo que irme’, dije, vistiéndome rápido. Él sonrió, aún con la polla semi. ‘Un placer, desconocida’. Beso rápido, sabor a coño y semen. Salí corriendo, maleta en mano, coño palpitando, semen escurriendo por muslos. En el avión, sonrisa pícara. Recuerdo ardiente en mi bagaje de mano, sin mañana.

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