Mi escale ardiente con un desconocido en el aeropuerto de Rennes

Estaba en escale en Rennes, vol retrasado tres horas. Agotada del viaje, me senté en el bar del aeropuerto. Olía a café quemado, fuerte, mezclado con desinfectante. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Vuelo a Madrid, puerta 12’. Me pedí un gin-tonic, hielo crujiendo en el vaso. Llevaba falda corta blanca, escote generoso, sandalias. Sudor pegajoso por la humedad.

Lo vi entrar. Alto, pelo revuelto, ojos curiosos. Se sentó cerca, pidió una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí, él dudó, pero se acercó. ‘¿Escale también?’, dijo con acento francés suave. ‘Sí, tres horas muertas’, respondí, mordiéndome el labio. Se llamaba Sebastián, estudiante local. Hablamos de viajes, de lo jodido que es esperar. Su mano rozó mi brazo, casual. Sentí cosquilleo. ‘¿Y si matamos el tiempo juntos?’, propuse, voz baja. Él parpadeó, ‘¿En serio? Hay un hotel al lado, capsules baratas’. Adrenalina pura. Sabía que en horas me iría, cero compromisos. ‘Vamos’, dije.

El encuentro en la sala de espera

Caminamos rápido, climatización del aeropuerto helada en la piel. El hotel era impersonal, luces neón, recepción 24h. Tomamos una habitación, ascensor chirriante. Puerta cierra, besos urgentes. Sus labios ásperos, barba raspando. Manos por todas partes. ‘Joder, qué ganas’, murmuró quitándome la falda. Caí en la cama, sábanas blancas frías, almidonadas. Olía a lejía y sexo viejo.

Me abrí de piernas, coño ya húmedo. Él se bajó los pantalones, polla dura, gruesa, venosa. ‘Chúpamela’, ordenó, voz ronca. La cogí, saliva goteando, lamí el glande salado. Entró en mi boca, profundo, garganta apretada. ‘Sí, así, puta’, gemí yo, excitada por lo crudo. Me folló la boca, bolas golpeando barbilla. Saliva por mentón, ojos lagrimeando.

La follada urgente en la habitación

Me volteó, culo arriba. Dedos en mi coño, chapoteando. ‘Estás empapada’, rio. Entró de golpe, polla abriéndome entera. ‘¡Fóllame fuerte!’, grité. Embestidas brutales, cama crujiendo. Paredes finas, gemidos eco. Sudor goteando, piel pegajosa. Me pellizcó pezones duros, mordió cuello. Cambiamos, yo encima, cabalgué salvaje. Polla hundiéndose, clítoris frotando. ‘Me corro, joder’, jadeó. ‘Dentro, lléname’, supliqué. Eyaculó caliente, chorros profundos. Yo temblé, orgasmo rasgándome, coño contrayéndose.

No paramos. Segunda ronda, él lamiéndome el coño, lengua en el culo. ‘Sabe a miel y puta’, dijo. Me corrí en su cara, jugos chorreando. Luego perrito, nalgadas rojas. Polla otra vez dura, follada anal tentativa. ‘Despacio…’, gemí, pero entró, ardor placentero. Bombeó hasta correrse en mi espalda, semen caliente resbalando.

Agotados, cuerpos enredados. Reloj marcaba dos horas antes del vuelo. ‘Ha sido brutal’, susurró besándome. Me duché rápido, agua caliente quemando piel. Vestí, falda arrugada. ‘Adiós, desconocido’, sonreí en la puerta. Él dormía ya. Corrí al aeropuerto, anuncios retumbando, olor a café otra vez. Embarqué con coño palpitante, semen seco en muslos. Recuerdo ardiente en mi equipaje de mano, listo para el próximo viaje.

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