Estaba en escala en Madrid-Barajas, cinco horas muertas antes de mi vuelo a Barcelona. El olor a café quemado del bar del aeropuerto me mareaba un poco, mezclado con el zumbido constante de las anuncios de vuelos. ‘Próxima salida a París, puerta 23’. Me senté en la barra, con mi maleta a los pies, sintiendo la adrenalina de siempre en estos viajes: nadie me conoce, puedo ser quien quiera. Llevaba una falda ligera, blusa blanca algo transparente, y debajo… nada. Me encanta esa libertad.
Lo vi entrar. Alto, mirada fija, como si buscara algo. Nuestros ojos se cruzaron. Un segundo eterno. Sonrió, pícaro. Se acercó, pidió un whisky. ‘¿Escale también?’, dijo con voz grave. Hablamos poco, pero el aire se cargó rápido. Sus manos rozaron las mías al pasar el vaso. ‘Tengo una habitación en el hotel de al lado, tres horas libres. ¿Vienes?’. Dudé, pero el calor entre mis piernas decidió por mí. ‘Sí, pero sin nombres’. Cogimos un taxi, el ronroneo del motor acelerando mi pulso.
El Cruce de Miradas en el Bar y la Decisión Impulsiva
La habitación era impersonal: sábanas blancas crujientes, aire acondicionado helado erizándome la piel, vista al pista de despegue. Luces parpadeantes de aviones en la noche. Cerró la puerta y me miró. ‘Quítate la blusa’. Orden directo, sin preámbulos. Me temblaron las manos, pero obedecí. Mis tetas pesadas saltaron libres, pezones duros por el frío. ‘Buena chica. Ahora la falda’. La dejé caer. Desnuda ante él, coño ya húmedo brillando.
Me empujó contra la cama. ‘A cuatro patas’. Obedecí, culo en pompa. Sacó un plug del cajón –había preparado todo–. ‘Abrete’. Escupió en mi ano y lo empujó lento. ‘¡Joder, qué prieto!’. Gemí, el estiramiento ardiente. Me azotó las nalgas, fuerte. ‘¡Calla y aguanta!’. Dos dedos en mi coño, chapoteando. ‘Estás empapada, puta de aeropuerto’. Lamí sus dedos cuando me los ofreció, sabor salado mío.
La Despedida Rápida Antes del Vuelo
Se desnudó. Polla gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Chúpala’. Me arrodillé, tragué hasta la garganta. Tosí, babeé, pero seguí. ‘Más profundo, zorra’. Me folló la boca, bolas golpeando mi barbilla. Luego, me tiró a la cama. Piernas abiertas, me penetró de un golpe. ‘¡Qué coño tan chupador!’. Embistió brutal, cama chirriando, sudor goteando. El plug en mi culo lo apretaba más. ‘Voy a llenarte’. Gruñí: ‘Sí, córrete dentro’. Explotó, semen caliente inundándome. Yo corrí detrás, uñas en su espalda, gritando.
No paramos. Me puso a cabalgar, tetas rebotando. ‘Muévete, cabrona’. Le mordí el cuello, ordeñando su polla hasta vaciarlo otra vez. Sudor, olor a sexo crudo, anuncios de vuelos lejano como eco. ‘Tenemos poco tiempo’, jadeó. Me comió el coño, lengua hurgando clítoris, dedos en ano. Corrí en su cara, temblando.
Sonó mi alarma. ‘Vuelo en 45 minutos’. Me vestí rápido, coño goteando su leche, piernas flojas. Me besó duro. ‘Vuelve algún día’. Sonreí. ‘Quizá’. Salí al lobby, maleta en mano, el recuerdo quemándome. En el avión, asiento vibrando al despegue, sonreí. Ese secreto en mi equipaje de mano, para siempre.