Mi Escala Follando con una Morena en el Hotel del Aeropuerto

Estaba sentada en el bar de la sala de embarque, con el olor a café rancio pegado en la nariz. El aire acondicionado zumbaba frío, y de fondo, esa voz metálica anunciando vuelos retrasados. Mi escala en Madrid duraba cuatro horas, joder, qué coñazo. Volaba sola, como siempre, buscando esa libertad anónima que me pone cachonda. Miraba el móvil, aburrida, cuando la vi. Morena, ojos verdes intensos, cuerpo atlético bajo esa blusa ajustada. Se sentó al lado, pidiendo un gin-tonic. Nuestras miradas se cruzaron, y… uf, esa chispa. Sonreí, ella devolvió la sonrisa, juguetona.

—Retraso, ¿eh? —dijo, con voz ronca, girándose hacia mí.

El Mirada que lo Cambió Todo en la Sala de Embarque

—Sip, cuatro horas muertas. ¿Tú?

—Igual. Soy Laura. ¿Y tú?

—Carmen. ¿Viajas sola?

—Ahora sí. ¿Quieres matar el tiempo? Hay un hotel aquí al lado, cinco minutos.

Me quedé mirándola, el corazón acelerado. ¿Por qué no? Nadie nos conocía, en unas horas cada una a su vuelo. Asentí, excitada ya por la idea. Pagamos, salimos corriendo bajo la lluvia fina, riendo como tontas. El hotel era impersonal, recepción rápida, llave magnética. Subimos al ascensor, y ya nos besábamos, hambrientas.

La habitación olía a limpio sintético, cortinas blancas, cama con sábanas crujientes. La climática fría erizaba la piel. Cerró la puerta, me empujó contra ella.

—Quítate todo, Carmen. Quiero verte el coño ya.

Me arranqué la ropa, tetas al aire, bragas empapadas. Ella igual, cuerpo fibroso, pechos firmes, coño depilado reluciente. Me tiró en la cama, sábanas frescas contra mi espalda desnuda. Se subió encima, tetas contra tetas, pezones duros rozando. Nuestros labios chocaron, lengua dentro, saboreando gin y deseo.

—Joder, qué buena estás… —gemí, manos en su culo redondo, apretando.

—Mmm, y mojada. Abre las piernas.

Me separó los muslos, aire frío en mi chocho abierto. Bajó la cabeza, lamida directa al clítoris. Grité, arqueándome. Su lengua experta chupaba mis labios, succionaba fuerte, ruidos húmedos. Olía a sexo, a mi flujo mezclado con su saliva. Anuncios de vuelos lejano, recordándonos el tiempo.

El Polvo Urgente en la Habitación con Vista al Pista

—Date prisa, Laura… fóllame ya.

Dos dedos entraron de golpe en mi coño chorreante, bombeando duro. Agarré las sábanas, uñas clavadas. Lamía mi ano, lengua puntiaguda girando, me volvía loca. Nunca un tío lo hizo así. Tres dedos ahora, estirándome, pulgar en el culo. Grité su nombre, orgasmo brutal, squirt empapando su mano y las sábanas blancas.

—Buena chica… ahora tú.

Me volteó, cara en su coño. Olía a excitación pura, salado. Lamí voraz, lengua en su agujero, chupando clítoris hinchado. Ella gemía alto, cadera moviéndose salvaje.

—Más fuerte, puta… hazme correrme.

La follé con dedos, ella con los míos en mi culo. Se corrió temblando, jugos en mi boca, tragué todo. Luego, sacó un strap-on del bolso, negro grueso. Me puso a cuatro, penetró mi coño de un empujón, llenándome. Follando bestial, nalgas chocando, sudor frío por la clim.

—Tu coño aprieta tanto… ¡me corro!

Yo ya explotaba otra vez, gritando. Caímos exhaustas, besos lentos, cuerpos pegajosos.

Desperté con su móvil pitando. Hora del vuelo.

—Vístete, guapa. Ha sido… inolvidable.

Nos duchamos rápido, agua caliente borrando pruebas. Bajamos, beso fugaz en la puerta. Corrí al aeropuerto, olor a ella en mi piel, coño palpitando aún. Embarqué con sonrisa pícara, ese secreto en mi equipaje de mano. Volvería a pasar.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top