Estaba jodidamente harta en la sala de embarque de Barajas. Mi vuelo a México con cuatro horas de retraso. Olor a café quemado del bar, anuncios de vuelos retumbando, aire acondicionado que me ponía la piel de gallina. Llevaba dos semanas chateando con este tal Javier, un moreno alto y atlético que vive cerca. Decidimos vernos, total, ¿qué pierdo? Anonimato total, me voy en unas horas, pura adrenalina.
Lo veo entrar al bar. Exacto como en las fotos: traje ajustado, pelo revuelto, sonrisa pícara. Nuestras miradas chocan. Me acerco, nerviosa pero cachonda. “¿Javier?” digo, voz ronca por el jet lag. Él asiente, me abraza rápido, su colonia fuerte me invade. Pedimos chupitos. Hablamos de tonterías: vuelos, trabajos. Pero se nota la tensión. Sus ojos bajan a mis tetas, generosas bajo la blusa fina. Yo miro su paquete, marcado. “¿Y si matamos el tiempo en el hotel de al lado?”, suelta él, voz baja. Dudo un segundo. ¿Por qué no? Mañana cada uno a su vida. “Vale, vamos”, respondo, coño ya húmedo.
La Mirada en el Bar y la Decisión Loca
Subimos al hotel. Pasillo impersonal, alfombra que ahoga pasos. Entramos en su habitación: sábanas blancas impecables, olor a detergente, clim zumbando frío. Cierro la puerta. Él se gira, torpe. Veo su braguette abierta, la polla medio marcada. Río bajito. “¿Olvidaste algo de los lavabos?”. Se sonroja, mira abajo. “Joder…”. No le dejo excusarse. Me pego, mano directa a su entrepierna. Siento cómo se hincha al toque. Dura como piedra en segundos. “No te muevas, cabrón”, murmuro, desabrochando.
Saco esa verga gruesa, venosa, cabezón brillante de pre-semen. Uf, montado como un toro. La agarro firme, masturbo lenta al principio, subiendo y bajando. Él gime, manos en mi cintura. “Eres una puta salvaje”, dice, voz temblorosa. Le empujo a la cama, rodillas en el suelo. Abro la boca, engullo el glande de un tirón. Chupa-chupa, saliva goteando, lengua girando en la corona. Él agarra mi pelo, empuja. “Mámamela toda, zorra”. Me traga hasta la garganta, arcadas ricas, olor a macho sudado. Sabe a sexo urgente.
Follada Urgente en la Habitación
No aguanto. Me levanto, me quito la falda. Coño rasurado, chorreando. “Fóllame ya”. Él me tumba en las sábanas frías, piernas abiertas. Polla rozando mi raja, entra de golpe. Joder, me llena. Golpes secos, brutales. Clavándome, tetas botando. “Más fuerte, hostia”, grito. Sudor mezclado, piel pegajosa. Me pone a cuatro, nalgada que quema. Entra por detrás, bolas golpeando mi clítoris. Me corro primero, coño apretando su verga, chorros calientes. Él gruñe: “Me voy a correr…”. “Dentro, lléname”. Eyacula profundo, semen caliente inundando.
Nos derrumbamos, jadeos. Minutos después, ducha rápida. Agua hirviendo, manos curiosas aún. Pero oigo mi vuelo en el móvil. Me visto deprisa. “Adiós, guapo. No me llames, fue perfecto así”. Él sonríe, polla aún semi-dura. Bajo corriendo, olor a su corrida en mi piel. Embarco con el coño palpitando, recuerdo ardiendo en mi equipaje de mano. Mañana, nuevo destino. Otra aventura.