Estaba en Charles de Gaulle, vuelo retrasado cuatro horas. Madrid-París-México, una mierda de conexión. Olía a café quemado y croissants rancios. Anuncios de vuelos por megafonía, eco metálico: ‘Última llamada para Nueva York’. Me senté en el bar de la sala de embarque, gin-tonic en mano, sudada por el viaje. Vestido ligero, sin sujetador, pezones marcando bajo la tela fina.
Lo vi entrar. Alto, unos cuarenta, traje arrugado pero cara de depredador. Pelo corto, ojos que taladran. Se sentó al lado, pidió un whisky. Nuestras miradas se cruzaron. ‘¿Retraso?’, dijo con acento francés, sonrisa ladeada. ‘Sí, jodido’, respondí, riendo. Charlamos. Se llamaba Philippe, empresario volando a Lyon. ‘Aquí somos anónimos, ¿no? Nadie nos conoce’. El corazón me latió fuerte. Adrenalina del viaje, ese no-tendremos-mañana.
El cruce de miradas en la sala de embarque
‘¿Hotel cerca?’, pregunté, directa. Él arqueó ceja. ‘Sí, uno cutre al lado del aeropuerto. ¿Vienes?’. Dudé un segundo, el gin me soltó la lengua. ‘Vale, unas horas libres’. Pagó las copas, cogimos taxis. En el lobby, clim ruidosa, aire frío erizando piel. Subimos. Draps blancos impolutos, olor a desinfectante y su colonia fuerte.
Puerta cerrada, me empujó contra la pared. Beso salvaje, lengua invasora. Manos por todas partes. ‘Quítate eso’, gruñó, bajándome el vestido. Tetas al aire, él chupando pezones duros. ‘Joder, qué tetas’, murmuró. Yo palpé su polla tiesa bajo el pantalón. Dura como piedra. ‘Fóllame ya’, jadeé, urgencia quemando.
Lo tiré en la cama. Desabroché su cremallera, polla gorda saltando libre. Venosa, cabezota roja. La lamí desde la base, saliva chorreando. ‘Mmm, chúpala bien, puta viajera’, dijo, agarrándome el pelo. La tragué entera, garganta profunda, arcadas ricas. Él gemía, caderas subiendo. ‘Para, o me corro’. Me puse a cuatro patas, coño chorreando. ‘Métemela, rápido, mi vuelo sale pronto’.
La follada urgente antes del amanecer
Entró de un golpe, polla abriéndome en dos. ‘¡Hostia, qué apretada!’, rugió. Folladas brutas, cama crujiendo. Pies de hotel baratos temblando. Clim zumbando, anuncios lejanos de vuelos. Me azotaba el culo, rojo fuego. ‘Tu coño es mío esta noche’. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje. Tetas botando, sudor pegando pieles. Él pellizcando pezones, dedos en mi culo. ‘Métemelos’, supliqué. Dos dedos repletos, polla en coño, doble follada.
Me corría gritando, jugos empapando sábanas. Él no paraba, embistes feroces. ‘Me voy a correr dentro’, avisó. ‘Sí, lléname, cabrón’. Chorros calientes inundándome, polla pulsando. Colapsamos, jadeos entrecortados. ‘Eres una guarra perfecta’, susurró, besándome cuello.
Amaneció. Luz gris filtrando cortinas. Mi vuelo en una hora. Me vestí rápido, coño dolorido, semen goteando piernas. ‘Adiós, Philippe. Buen viaje’. Él sonrió, desnudo en cama. ‘Guarda el recuerdo, española’. Bajé, lobby vacío, olor a café fresco. Taxi al aeropuerto, cuerpo vibrando. Anuncios: ‘Vuelo a México, embarque’. Sonreí. Ese polvo anónimo, mi equipaje secreto más caliente.