Estaba en Barajas, Madrid, con una escala eterna de seis horas. Vuelo retrasado por tormenta. Olía a café quemado del Starbucks, anuncios de vuelos retumbando: ‘Atención a los pasajeros con destino a Barcelona…’. Sudaba bajo la clim fría, falda corta pegada a las nalgas. Me senté en el bar de la sala VIP, copa en mano, aburrida.
Él apareció. Alto, moreno, ojos verdes intensos. Parecía francés, con esa sonrisa pícara. Se sentó al lado, pidió un whisky. Nuestras miradas se cruzaron. ‘¿Española?’, dijo con acento sexy. ‘Sí, de Barcelona. ¿Y tú?’. ‘De París, Romain. Escala igual’. Hablamos. Risas. Él olía a colonia fresca, viaje largo. ‘¿Qué haces aquí sola?’, preguntó. ‘Vuelvo de un congreso. Tú?’. ‘Trabajo. Hotel cerca, ¿vienes? Solo unas horas’. El corazón me latió fuerte. Anonimato total. Mañana me voy. ‘Vale, pero rápido. Mi vuelo a las 6’. Nos fuimos riendo, su mano rozando mi culo disimuladamente.
El cruce de miradas en la sala de embarque
El hotel era impersonal, cerca del aeropuerto. Check-in express. Ascensor, besos urgentes. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Puerta abierta, clim helada, sábanas blancas crujientes. Lo empujé al colchón. ‘Quítate todo’. Se desnudó: polla gruesa, tiesa, venosa. Me arrodillé, la olí. Sudor masculino, excitante. La chupé despacio, lengua en el glande, bolas en la mano. ‘Oh, puta madre…’. Gemí con la boca llena, saliva goteando. Él me levantó la falda, tanga roja al lado. Dedos en mi coño, ya chorreando. ‘Estás empapada, zorra’.
Me tumbó bocarriba, piernas abiertas. Lamía mi clítoris como loco, lengua dentro, saboreando mi jugo salado. ‘Me encanta tu coño español’. Metí dedos en su pelo, arqueando la espalda. Anuncios de vuelos lejanos, como banda sonora. ‘Fóllame ya’. Se puso encima, polla rozando mi entrada. Empujó de un golpe, llenándome. ‘¡Joder, qué prieta!’. Follando duro, cama chirriando. Pechos rebotando, sus manos apretando mi culo. Cambiamos: yo encima, cabalgando, nalgas golpeando sus muslos. ‘Más rápido, que se acaba el tiempo’.
Follada urgente antes del vuelo
‘Quiero tu culo’, dijo jadeando. Dudé un segundo. ‘Sí, pero con cuidado’. Escupió en mi ano, dedo primero, luego dos. Lubricado con mi propia lefa. Me puse a cuatro, sábanas frías en las rodillas. Glans en mi roseta, empujando lento. ‘Relájate, guapa’. Entró, ardor delicioso. ‘¡Coño, qué estrecho!’. Me folló el culo sin piedad, pausado al principio, luego bestial. Mano en mi clítoris, masturbándome. Grité: ‘¡Me corro!’. Orgasmo brutal, ano contrayéndose alrededor de su polla. Él gruñó: ‘Me vengo…’. Chorros calientes dentro, semen goteando.
Sudados, exhaustos. ‘Eres increíble’, susurró abrazándome. Miré el reloj: 4 am. ‘Mi vuelo’. Ducha rápida, agua caliente lavando restos. Beso en la puerta, su número en mi móvil, pero no lo usaré. Anonimato puro. Caminé al aeropuerto, piernas temblando, coño y culo palpitando. Anuncio: ‘Vuelo a Barcelona, embarque inmediato’. Sentada en el avión, sonrisa pícara. Recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Mañana, vida normal. Pero esta noche… inolvidable.