Mi escale ardiente en el hotel del aeropuerto: un polvo inolvidable

Estaba en escale en el aeropuerto de Limoges, vuelo retrasado unas horas. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Atención, vuelo a Madrid embarcando en puerta 5’. Me senté en el bar del hotel anexo, climatización helada erizándome la piel bajo la blusa fina. Pedí un gin-tonic, agotada del viaje.

Ahí lo vi. Alto, moreno, traje arrugado como el mío. Me miró fijo, sonrisa pícara. Yo le devolví la mirada, piernas cruzadas, sintiendo ese cosquilleo. ‘¿Escale también?’, dijo acercándose. ‘Sí, unas horas… y tú?’, respondí, voz ronca de cansancio y algo más. Hablamos de nada: vuelos, ciudades. Pero sus ojos bajaban a mis tetas, y yo notaba su paquete endureciéndose bajo los pantalones.

El encuentro en el bar del aeropuerto

‘¿Subimos? Mi habitación está aquí al lado’, murmuró, mano rozando mi muslo. Dudé un segundo, corazón acelerado. ‘Vale, pero rápido, mi vuelo sale pronto’. Adrenalina pura, anonimato total. Nadie nos conocía, en unas horas cada uno a su vida.

Entramos en su cuarto. Draps blancos impersonales, olor a limpio y aire acondicionado. Puerta cerrada, nos besamos salvajes. Lenguas enredadas, saliva mezclada. ‘Joder, qué ganas’, gruñó mordiéndome el cuello. Le arranqué la camisa, tetas fuera del sujetador, pezones duros como piedras. Él me bajó las bragas de un tirón, dedo directo al coño: ‘Estás empapada, puta’. Gemí, ‘Sí, métemela ya’.

Me tiró en la cama, polla fuera: gruesa, venosa, cabeza hinchada reluciente de pre-semen. La chupé rápido, lengua girando en el glande, bolas pesadas en mi mano. ‘Mmmm, qué buena boca’, jadeó. Pero urgencia: ‘Fóllame fuerte’. Me abrió las piernas, polla clavándose de golpe en mi coño chorreante. ‘¡Ahhh, joder!’, grité, uñas en su espalda.

El sexo urgente en la habitación

Bombazos brutales, cama chirriando. Clim ruidosa de fondo, sudor pegándonos. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, dijo acelerando. Yo: ‘Más, rómpeme, cabrón’. Cambiamos: yo encima, montándolo salvaje, tetas botando, clítoris frotando su pubis. ‘Me voy a correr’, avisó. ‘Dentro, lléname de leche’. Él embistió hondo, bolas contra mi culo, y explotó: chorros calientes inundándome el útero.

Yo seguí moviéndome, orgasmo mío llegando: ‘¡Síii, me corro en tu polla!’. Temblores, jugos mezclados goteando. Exhaustos, jadeando. Miré el reloj: ‘Mi vuelo…’.

Nos vestimos a prisa, besos rápidos. ‘Ha sido brutal’, dijo con guiño. ‘Sin mañana, ¿eh?’, sonreí saliendo. En la sala de embarque, anuncio: ‘Vuelo a Madrid, última llamada’. Me subí al avión, coño palpitando aún, semen suyo resbalando en mis bragas. Recuerdo ardiente en mi bagage a mano, listo para la próxima aventura.

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