Mi escala caliente en Roma: follada salvaje con un desconocido

Estaba en el aeropuerto de Roma, eh… un retraso de cuatro horas en mi vuelo a Madrid. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Vuelo AZ whatever a Milán, puerta 12’. Me senté en la barra del bar, con mi maleta de cabina a los pies, sudando un poco por el viaje largo. Llevaba falda corta, blusa ligera, el pelo suelto. Me pedí un café doble, negro, amargo como mi impaciencia.

Él apareció de repente. Un italiano, unos 45 años, alto como yo con tacones, barriguita de ejecutivo, piel morena brillante, calvo con sonrisa pícara. Vestido impecable, maletín en mano. Nuestras miradas se cruzaron mientras fumaba un cigarro electrónico. ‘¿Española?’, me dijo en francés perfecto, con acento sexy. Charlamos. De viajes, negocios, la mierda de los retrasos. ‘Yo voy a un hotel aquí al lado, por si el vuelo se cancela. ¿Quieres unirte? Solo unas horas, sin compromisos’. El anonimato del aeropuerto, la adrenalina de saber que me iba pronto… Dije que sí. Corazón latiendo fuerte.

El cruce de miradas en la sala de espera

Taxi rápido, cinco minutos. Hotel impersonal cerca de la pista, luces de aviones despegando por la ventana. Entramos en la habitación: aire acondicionado helado erizándome la piel, sábanas blancas crujientes, olor a limpio y lejano. ‘Ducha primero’, murmuré. Agua caliente cascando, jabón neutro. Salí en toalla, pelo goteando. Él ya en boxers, polla marcada, tumbado en la cama king size. ‘Ven aquí, guapa’, palmeó el colchón. Dudé un segundo, pero el calor entre mis piernas ganó.

Me tiré a su lado. Sus manos en mi pelo mojado, bajando por mi cuello. ‘Eres preciosa’, susurró. Le besé, lengua ansiosa. Manos por todos lados: la mía en su polla gruesa, ya tiesa, venosa, goteando precum. ‘Joder, qué dura’, gemí. Se la saqué, piel suave, caliente. La chupé lento al principio, lengua en el glande, bolas peludas en mi palma. Él gruñó: ‘Sí, así, puta española’. Me volteó, falda arriba, braga aparte. Lengua en mi coño empapado, chupando clítoris hinchado, dedos dentro, curvados. ‘Estás chorreando’, rio. Grité bajito, caderas moviéndose solas.

Pecho a pecho en la habitación del hotel

Urgencia total: ‘No tenemos tiempo’, jadeé. Me puso a cuatro patas, sábanas frías contra pezones duros. Escupió en mi culo, dedo entrando suave. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, fóllame el culo, rápido’. Polla gorda presionando mi ano apretado. Dolor placer, empujé contra él. Entró centímetro a centímetro, estirándome, llenándome. ‘¡Coño, qué prieto!’, rugió. Bombeó fuerte, cachetadas en nalgas, sudor mezclándose. Yo me tocaba el coño, dedos resbalando en jugos. ‘Más, joder, rómpeme’. Él aceleró, bolas golpeando mi clítoris. Orgasmos dobles: yo explotando, él corriéndose dentro, semen caliente chorreando por muslos.

Caímos exhaustos, respirando agitado. ‘Eres una diosa’, murmuró, besándome cuello. Miré reloj: dos horas voladas. Ducha rápida juntos, risas nerviosas. ‘Adiós, desconocido’. Taxi de vuelta al aeropuerto, piernas temblando, coño palpitando. Anuncios de vuelos otra vez. Subí al avión con su semen seco en bragas, sonrisa secreta. Ningún mañana, solo este fuego en mi equipaje de mano.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top