Mi Escala Torride en el Hotel del Aeropuerto: Un polvo anónimo inolvidable

Estaba en el bar del hotel, justo al lado del aeropuerto. El olor a café rancio flotaba en el aire, mezclado con el zumbido de la clim congelada. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Vuelo a Madrid, puerta 12’. Mi escala de seis horas. Nervios a flor de piel. Yo, abierta como siempre, buscando anonimato. Publico en una app esa mañana: ‘Mujer 38, sola en escala. Busco ‘niñero’ para horas locas. Di: Hola canguro’. Él respondió. Ahora, esperaba.

Mis ojos lo pillaron al instante. Alto, moreno, sonrisa pícara. Otro tío charlaba con él, de pie junto a mi mesa alta. Aún jugable. Dudé un segundo. ¿Paro? No. Yo puse las reglas. Caminé hacia él, el corazón latiéndome en la garganta. Diez metros. Sentí mi coño humedecerse, las bragas pegajosas. Nadie mira… salvo una tía sola en la esquina, removiendo su té, ojo clavado en mí.

El mirada en el bar y la decisión loca

Llego. Él me ve. Rodeo la mesa, pongo la mano en su hombro, beso su mejilla. Susurro: ‘Hola, canguro’. Él titubea dos segundos, perfecto. ‘Hola, Marita’. Al otro: ‘Como te decía, un amigo de la infancia que cuidaba. Gracias por la charla, ha sido guay’. El tipo balbucea un adiós, cabreado, se pira.

Me siento frente a él. ‘Te dije que el bar no era buena idea’. Sonrío. ‘Quería que pudieras rajarte. Totalmente de acuerdo, ¿eh?’. ‘Tutéame, joder, que eres mi ‘amigo”. ‘Bien… ¿Cómo estás?’. ‘El corazón me va a salir por la boca’. ‘Qué pena… esa boca es para mamar pollas. Toma, flores’. Sus ojos se abren como platos. ‘¡Hostia, qué cerdo!’. El camarero viene. ‘Dos cafés con leche, porfi’. Ella, yo, roja como un tomate, coño palpitando.

‘Esto es más excitante así’. ‘Sí, pero… ¡me pillas desprevenida! Eres un guarro’. Río. ‘Mañana me lo dirías… ¿Pregunta?’. Me clava la mirada, irónico. ‘¿Segura?’. Trago saliva, asiento. El camarero interrumpe, tensión al máximo. Mi clítoris duele. Él: ‘¿El café te pone así de cachonda?’. Gimo bajito. ‘¿Me dejarás hacerte TODO, ‘canguro’?’. Tiemblo, casi me corro allí.

‘No aguanto más. Vamos’. ‘Bebemos y nos piramos. Tiempo hay’. Suplico. ‘Porfi…’. Pago, salimos. Brazos enredados. Mi habitación, quinto piso. Llave temblorosa. Entramos. Anuncio de vuelo lejano. Clim helada, sábanas blancas impolutas.

Follada brutal en la habitación con el tiempo contado

Lo plaqueo contra la puerta. ‘Fóllame ya’. Beso salvaje, lenguas en guerra. Manos en su polla, dura como piedra. La saco, venosa, goteando. Me arrodillo, la chupo profunda, saliva chorreando por barbilla. ‘Joder, qué boca’. Gime. Me pone de pie, arranca mi falda. Culotte empapada. Dedos en mi coño, tres de golpe. ‘Estás inundada, puta’. Grito, paredes finas, pero qué coño.

Me tira en la cama, sábanas frías contra piel caliente. Abre mis piernas, lengua en mi raja. Lamida mi clítoris hinchado, aspira jugos. ‘Sabe a gloria tu coño’. Me corro, chorro en su cara. No para. ‘Quiero mear…’. Sus ojos brillan. ‘Hazlo, cabrona. En mi boca’. Me subo a su cara, acciono. Pis caliente, salado, le llena la boca. Traga, lame resto. ‘Puta guarra, delicioso’.

Se pone encima, polla en mi entrada. Empala de un golpe. ‘¡Aaaah! Fóllame duro’. Embiste brutal, cama cruje. Pechos rebotando, sudor mixto. Cambio, yo encima, cabalgo salvaje, coño tragando su verga. ‘Me corro…’. Lleno mi útero de leche caliente. Colapso, jadeos.

Despierto al alba. Anuncio: ‘Vuelo embarcando’. Él ya vestido. ‘Ha sido brutal. Sin mañana’. Beso rápido, olor a sexo en piel. Cierro maleta, este recuerdo quema en mi equipaje de mano. Puerta del avión, sonrisa pícara. Adiós, desconocido.

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