Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto con un matrimonio caliente

Estaba en escala en ese aeropuerto cutre, Madrid-Barajas, con olor a café quemado flotando por todas partes. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me senté en el bar del hotel contiguo, climatización helada erizándome la piel bajo la blusa fina. Sudor frío de cansancio, pero excitada por el anonimato. Viajes así me ponen cachonda, sabes que nadie te conoce, que en horas te vas.

Allí los vi. Él, moreno, traje arrugado, sonrisa pícara. Ella… joder, un cañón. Pelo oscuro ondulado, ojos negros como cerezas, piel bronceada, escote dejando ver tetas perfectas, falda corta mostrando piernas interminables. Nuestras miradas se cruzaron. Yo sorbía mi gin-tonic, ella se mordió el labio. Él pidió otra ronda y se acercó.

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

—Hola, ¿escala larga? —dijo ella, voz suave, ronca. Pauline, se llamaba. Él, Jacques. Franceses, como yo en ruta a Sevilla. Charlamos. Risas. Sus manos rozando las mías. Conté mi rollo: adoro estos encuentros fugaces, follar sin mañana. Ella sonrió, picante.

—Nosotros también. Nuestro vuelo es en cuatro horas. ¿Quieres… unirte? —titubeó él, pero sus ojos decían ‘follémonos ya’. El corazón me latía fuerte. ¿Por qué no? Subimos a su habitación. Puerta cierra con clic. Aire acondicionado zumbando, sábanas blancas impolutas oliendo a limpio hotelero.

Empezó suave. Música blues bajita del móvil. Bailamos. Sus cuerpos contra el mío. Pauline me desabotonó la blusa, tetas al aire. Yo toqué su coño por encima de la falda, ya húmedo. Jacques nos miraba, polla dura bajo los pantalones. —Desnúdate, guapa —ordenó ella. Hice strip lento: sujetador cae, bragas empapadas al suelo. Mis tetas balanceándose, pezones duros. Me acerqué a él, polla gruesa saliendo, venosa. La chupé, saliva goteando, garganta profunda. Ella lamía mis labios, dedos en mi chochito chorreante.

La urgencia del polvo intenso en la habitación

No había tiempo. Urgencia pura. Jacques me tumbó en la cama, sábanas frías contra mi culo caliente. —Fóllame ya —gemí. Entró de un golpe, polla llenándome el coño hasta el fondo. Bombeaba fuerte, piel chocando, sudor mezclándose. Pauline se sentó en mi cara, coño depilado rozando mi lengua. Lamí su clítoris hinchado, jugos salados bajando por mi barbilla. —¡Sí, joder, chúpame! —gritaba ella, tetas rebotando.

Cambié. Pauline montó a Jacques, yo cabalgaba su cara. Su lengua en mi ano, dedos en chochito. Luego él me puso a cuatro, polla en mi culo apretado. Dolor-placer, lubricante improvisado con saliva. —¡Más duro, cabrón! —Yo gritaba, orgasmo subiendo. Pauline metía dedos en mi coño mientras él me sodomizaba. Eyaculé chorros, empapando sábanas. Él gruñó, semen caliente llenándome el culo, goteando.

Agotados, risas. Anuncios de vuelos lejano. Besos pegajosos. —Ha sido… inolvidable —susurró ella, vistiéndose. Yo recogí mi ropa arrugada, coño palpitando, semen resbalando muslos. Bajamos al lobby, olor a café otra vez. Nos abrazamos rápido. —Suerte en el vuelo —dijo él, guiño.

Subí al avión, asiento pegajoso contra mi piel. Recuerdo quemándome: su polla gruesa, su coño dulce, urgencia de extraños. En mi bolso de mano, ese calor secreto. Mañana, vida normal. Hoy, zorra viajera.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top