Mi escale ardiente con un desconocido en el hotel del aeropuerto

Estaba exhausta. Vuelo retrasado 8 horas en el aeropuerto de París. Mi escala eterna. Me arrastré al hotel contiguo, ese de paso con habitaciones impersonales. Huelo el café quemado del lobby, fuerte, amargo. Anuncios de vuelos retumban: ‘Vuelo a Madrid, puerta 15’. Entro al bar, pido un gin-tonic. Llevo 39 años, curvas maduras, falda ajustada por el calor del día.

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Él está ahí, solo. Veintipico, alto, 1,80, pelo revuelto, chaqueta ligera. Ojos negros profundos. Me pilla mirándolo. Sonríe tímido, como un chaval. ‘¿Española?’, dice con acento francés suave. ‘Sí, de Madrid. ¿Y tú?’. ‘Leo, de aquí cerca. Trabajo en la banca, pero paso noches en tránsito’. Charla tonta: vuelos, cansancio. Nuestras rodillas se rozan bajo la barra. El aire acondicionado zumba frío. Siento su calor. ‘¿Tienes habitación?’, pregunto directa. Él duda, traga saliva. ‘Sí… ¿Quieres… subir un rato? Mi vuelo sale al alba’. Adrenalina me sube. Anonimato total. Nadie sabe. Nadie volverá a vernos.

El cruce de miradas en el bar

Subimos. Ascensor lento, su mano roza mi culo. Puerta cierra. Drapas blancos crujientes, olor a limpio hotelero. Clim fría eriza mi piel. Lo empujo contra la pared. ‘Quítate todo’, le ordeno. Él obedece rápido. Camisa fuera, pantalón cae. Boxer blanco tenso. Polla dura ya, gruesa, venosa. ‘Joder, qué pedazo’, murmuro. Me arranco la blusa, sujetador vuela. Tetas grandes, pezones tiesos. Falda arriba, braga empapada.

Lo tumbo en la cama. Chupo su polla entera, saliva chorreando. ‘Mmm… despacio’, gime él. No, rápido. Urgencia. Boca hasta la garganta, bolas en mi mano. Él agarra mi pelo. ‘Fóllame la boca’. Lo hago, salvaje. Luego monto. Coño chorreando, lo clavo de un sentón. ‘¡Ahhh! Qué prieta’, gruñe. Cabalgo fuerte, tetas botando. Sudor mezcla con su olor viril, joven. ‘Más rápido, puta’, dice excitado. Cambio. A cuatro patas. ‘Métemela toda’. Polla entra brutal, hasta el fondo. Paredes palpitan. ‘¡Joder, qué coño tan rico!’. Azota mi culo, rojo. Dedos en mi clítoris, frota duro.

La follada urgente en la habitación

Giro. Misionero. Piernas en sus hombros. Embiste como animal. ‘Voy a correrme’, jadea. ‘Dentro no, cabrón. En mi boca’. Saco, chupa mi coño un segundo, lengua adentro. Vuelvo a montarlo. Ritmo loco. Anuncios vuelos suenan lejanos. Clim fría en piel sudada. ‘Córrete ya’. Él explota, leche caliente en mi lengua. Trago todo, salada. Yo reviento segundos después, chorro moja sus muslos. ‘Dios… increíble’, susurra.

Desnudos, jadeos. Minutos robados. ‘Ha sido… brutal’, dice él, tímido otra vez. Río. ‘Sin mañana, chaval’. Ducha rápida, agua caliente lava pecados. Me visto. Beso fugaz. ‘Buen vuelo’. Salgo. Alba rompe. Mi avión espera. Recuerdo su polla dura en mi coño, quemando. En mi bagaje a mano, solo eso: placer anónimo, adictivo.

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