Estaba en Madrid-Barajas, escala de cuatro horas antes de volar a Barcelona. Cansada del vuelo largo, me senté en el bar de la sala de embarque. Olía a café recién hecho, mezclado con ese aire acondicionado frío que te eriza la piel. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Vuelo IB-123 a París, puerta B15’. Pedí un cortado, negro y fuerte.
Ahí lo vi. Alto, moreno, unos treinta y pico, con una camiseta ajustada que marcaba pecho. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, pícaro. Me acerqué a pedir otro café, fingiendo casualidad. ‘¿Escale eterna también?’, dijo con acento andaluz, ronco. ‘Sí, cuatro horas muertas’, respondí, sintiendo un cosquilleo. Charlamos: él de Sevilla, volando a Nueva York por curro. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos. ¿Café de verdad o… algo más?’, soltó, mirándome fijo. El corazón me latió fuerte. Anonimato total, me voy en unas horas. ‘Vale, pero rápido’, dije, riendo nerviosa.
La Mirada que lo Cambió Todo en la Sala de Embarque
Pagamos y salimos. El shuttle al hotel olía a desinfectante. Check-in express, habitación impersonal: sábanas blancas crujientes, clim frigida que me puso la piel de gallina. Cerró la puerta y ya se pegó a mí. ‘Joder, qué ganas desde el bar’, murmuró, besándome el cuello. Manos por todas partes, quitándome la blusa. Sus labios calientes contra mi piel fría.
Me tiré en la cama, él se desnudó rápido. Polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mira lo que me pones’, gruñó. La cogí, dura como piedra, lamí el glande salado. ‘Chúpamela, guarra’, pidió. Me arrodillé, tragué hasta la garganta, baboseando. Él gemía, ‘¡Sí, así, joder!’. Me levantó, tiró de mis leggings. Coño empapado, bragas chorreando. ‘Estás lechosa’, dijo, metiendo dos dedos. Grité bajito, arqueándome.
Follada Salvaje con Urgencia en la Habitación
‘Date la vuelta’, ordenó. En cuatro, me abrió las nalgas. Lengua en el culo primero, lamiendo el ano, luego chupando el clítoris. ‘¡Me vas a correr!’, jadeé. Metió la polla de golpe en el coño, embistiéndome fuerte. Plaf, plaf, contra mis cachetes. ‘¡Fóllame más duro, que me corro!’, supliqué. Cambió: sacó lubricante del neceser, untó mi culo. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, métemela, prepárame’. Empujó lento, el glande abriéndome. Duele rico, luego placer puro. Me taladraba el ojete, mano en el clítoris frotando.
‘¡Voy a reventarte el culo!’, rugió. Yo: ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Se corrió a chorros, caliente, profundo. Yo exploté, temblores, coño palpitando vacío. Nos derrumbamos, sudados, oliendo a sexo.
Miré el reloj: dos horas volando. ‘Mi vuelo en una hora’, dije. Se duchó rápido, yo me limpié con toallitas, coño y culo goteando su leche. Beso rápido en la puerta. ‘Ha sido brutal’, sonrió. Volví al aeropuerto, piernas flojas, anuncio de mi vuelo: ‘IB-456 a Barcelona, puerta C22’. Me subí al avión con su semen secándose en mis bragas, sonrisa pícara. Recuerdo ardiente en mi bagaje de mano, listo para la próxima escala.