¡Hay días así! Una escala eterna en el aeropuerto de Madrid. Mi vuelo a Barcelona retrasado cuatro horas. Me siento en la barra del bar, cerca de las puertas de embarque. El olor a café quemado me envuelve, mezclado con el zumbido de las anuncios de vuelos. ‘Vuelo IB-345 a París, última llamada’. Frío de la clim, piel de gallina bajo la blusa fina.
Pido un cortado, fuerte. Miro alrededor, aburrida. Ahí está él. Un tío de unos treinta y pico, moreno, camisa ajustada. Nuestros ojos se cruzan. No aparta la vista. Sonrío, coqueta. Él levanta su cerveza, brinda en silencio. Me muerdo el labio. ¿Por qué no? Tengo tiempo, y el anonimato del viaje me pone cachonda. Esa adrenalina de saber que en unas horas me voy y no hay mañana.
El cruce de miradas y la decisión impulsiva
Se acerca, casual. ‘¿Escale larga?’, dice con acento andaluz, ronco. ‘Sí, jodida espera’, respondo, riendo. Hablamos tonterías: el retraso, el calor de Sevilla de donde viene. Sus ojos bajan a mis tetas, descarado. Me excita. ‘Oye, hay un hotel aquí al lado, cinco minutos. ¿Compartimos estas horas libres?’, suelto de golpe. Él parpadea, sonríe lobuno. ‘Venga, vamos’.
Pagamos y salimos. El parking ruidoso, olor a gasolina. Caminamos rápido, el corazón latiendo fuerte. El hotel es cutre, impersonal, perfecto. Climatización helada en el lobby. Subimos al ascensor, ya nos rozamos. Su mano en mi culo. ‘Joder, qué ganas’, murmura.
En la habitación, luces tenues. Draps blancos crujientes, olor a detergente y lavanda. Cierro la puerta y me lanzo. Le beso salvaje, lengua dentro, mordiendo su labio. Él me arrastra al colchón. ‘Quítate todo’, ordena. Me desnudo rápido: blusa, sujetador, falda, tanga. Mis tetas saltan libres, pezones duros. Él se baja los pantalones, su polla ya tiesa, gruesa, venosa. ‘Mira qué pedazo’, digo, lamiéndome los labios.
El sexo brutal en la habitación del hotel
Me tira en la cama, abre mis piernas. ‘Qué coño tan mojado’, gruñe, metiendo dos dedos. Gimo, arqueo la espalda. Chupa mis tetas, muerde los pezones hasta doler placer. Bajo la mano, agarro su polla, pajéo fuerte. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’, jadeo. Él se pone un condón, me penetra de un empujón. ¡Joder! Llena, dura, me parte. Empieza a bombear, brutal, cama chirriando.
‘¡Más fuerte, cabrón!’, grito. Él obedece, me folla como animal. Cambio de posición: a cuatro patas, él atrás, azotando mi culo. Pla-pla-pla, piel contra piel. Sudor, olor a sexo puro. Me corro primero, coño apretando su polla, chillando. ‘¡Sí, así, puta!’, dice él. Saco la polla, me la meto en la boca. Sabrosa, salada. La chupo profunda, bolas en la mano. Él gime, ‘Me vas a hacer correr’. Le monto, cabalgo salvaje, tetas rebotando. Sus manos en mi culo, dedos en el ano. Otro orgasmo me sacude.
Se gira, me pone boca abajo. Entra otra vez, pistonea como loco. ‘Me corro, joder’, avisa. Eyacula dentro del condón, gruñendo. Colapso, jadeantes. Sudor pegajoso en los draps fríos. Miramos el reloj: una hora volada.
Nos duchamos rápido, agua caliente quemando piel. Vestimos en silencio, risas nerviosas. ‘Ha sido brutal’, dice él, besándome el cuello. ‘Sin nombre, sin mañana’, respondo. Bajamos, nos separamos en el lobby. Vuelvo al aeropuerto, anuncio de mi vuelo: ‘Embarque inmediato’. Me siento en mi asiento, coño aún palpitando, sonrisa pícara. Ese polvo en mi bagage a main, quemándome por dentro.