Estaba en el aeropuerto de Charles de Gaulle, esperando mi vuelo a Madrid. Llevaba horas de retraso por niebla. Oía las voces mecánicas anunciando vuelos… ‘Vuelo a Barcelona, puerta 15’… El olor a café quemado del bar flotaba en el aire. Me senté en la sala de embarque, aburrida, con las piernas cruzadas. Llevaba falda corta, blusa ajustada. Sudaba un poco por la calefacción.
Entonces lo vi. Alto, moreno, unos treinta años, ojos penetrantes. Me miró fijamente desde el otro lado de la sala. Sonrió. Yo desvié la vista, pero volví a mirarlo. Él se acercó con una cerveza en la mano. ‘¿Española?’, preguntó con acento francés. ‘Sí, de Barcelona. ¿Y tú?’. ‘Philippe, de Sète. Mi vuelo también retrasado’. Charlamos. Habló de París, yo de mis viajes. Sentí esa electricidad. ‘Tengo unas horas libres. Hay un hotel aquí al lado’, dijo bajito. Dudé. ‘¿Y si nos vamos? Sin compromisos, solo placer’. El anonimato me ponía. ‘Vale, vamos’.
El cruce de miradas y la decisión impulsiva
Cogimos un taxi rápido. El hotel era impersonal, cerca de las pistas. Olía a desinfectante y aire acondicionado frío. Subimos a la habitación. Draps blancos crujientes, luz tenue. Cerró la puerta y me besó con hambre. Sus manos en mi culo, apretando. ‘Quítate todo’, murmuró. Me desnudé despacio, él también. Su polla ya dura, gruesa. ‘Joder, qué ganas’, dije.
Me tumbó en la cama. Sus dedos en mi coño, ya mojado. ‘Estás chorreando’. Lamí su cuello, mordí su hombro. ‘Tócate para mí’, pidió. Me abrí de piernas, piernas dobladas. Metí dos dedos en mi chocho, frotando el clítoris. Gemí. Él se pajeaba viéndome, polla palpitando. ‘Más rápido, puta’. Aceleré, el clítoris hinchado, jugos por todas partes. Temblaba, contracciones… Vine fuerte, arqueándome, gritando bajito por las paredes finas.
El sexo brutal y la despedida al amanecer
Se subió encima. ‘Ahora te follo’. Me penetró de un empujón, hasta el fondo. ‘¡Ay, joder!’. Embistió duro, cama chirriando. Sudor goteando, su aliento en mi oreja. ‘Tu coño aprieta como una virgen’. Le arañé la espalda. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo. Polla entrando y saliendo, mis tetas rebotando. ‘Chúpame las tetas’, jadeé. Las mamó fuerte, dejando moratones.
Me puso a cuatro patas. ‘Voy a por tu culo’. Dudé: ‘Suave, eh’. Escupió en mi ano, metió un dedo. Luego dos. Dolía rico. ‘Ahora la polla’. Empujó despacio. ‘¡Coño, qué prieto!’. Me folló el culo, alternando con el coño. Urgencia total, sabiendo que el tiempo volaba. ‘Me corro’, gruñó. Se sacó, semen caliente en mi espalda. Yo me toqué el clítoris, otro orgasmo brutal, piernas fallándome.
‘Fue… increíble’, dijo besándome. Nos duchamos rápido. Agua caliente, jabón resbalando. Pipí en la ducha, él mirando: ‘Qué guarra’. Reí. Vestí mi ropa, él la suya. Eran las 4 am. ‘Mi vuelo sale en dos horas’. Bajamos, taxi de vuelta. En la puerta, beso largo. ‘Sin mañana, solo este recuerdo’. Subí al avión, coño dolorido, sonrisa pícara. Ese calor en mi equipaje de mano, para siempre.