Ay, chicas, acabo de bajar del avión en Madrid-Barajas. Escala de seis horas por retraso. Sudada, con mi falda corta y sin bragas, como siempre. Me encanta esa libertad en los viajes, saber que en unas horas me voy y nadie me conoce. El aire huele a café quemado del bar, anuncios de vuelos retumban: ‘Atención a los pasajeros con destino a Barcelona…’. Me siento en la sala de embarque, piernas cruzadas, sintiendo el frescor en mi coño rasurado. Solo un hilito de vello que mi ex dejó como marca.
Miro alrededor. Hombres de negocios, familias… y él. Alto, moreno, ojos que queman. Nuestras miradas se cruzan. Sonrío, él levanta la ceja. Vuelve a mirar, yo abro un poco las piernas. Siento mi clítoris hincharse. Se acerca con su cerveza. ‘¿Española? ¿Escale eterna?’, dice con acento italiano. ‘Sí, joder, cuatro horas muertas’, respondo, voz ronca. Charla tonta: trabajos, viajes. Pero el roce de su rodilla en la mía… eh… prende fuego. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos. ¿Libertad antes del vuelo?’, susurra. Mi corazón late fuerte. ‘Vámonos’, digo sin pensar. Adrenalina pura, anonimato total.
El Regalo en la Sala de Embarque
Caminamos rápido, su mano en mi culo. Check-in express, habitación impersonal con sábanas blancas crujientes, aire acondicionado helado que me eriza la piel. Cierro la puerta y… bum. Me empuja contra la pared. ‘Quítate todo’, gruñe. Me arranco la falda, blusa. Mis tetas nuevas, 85C, saltan libres, pezones duros como piedras. Él se desnuda: polla gruesa, venosa, ya tiesa. ‘Joder, qué rica’, dice chupándome un pezón. Gimo, sensible como la mierda.
Me tira en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Abre mis piernas: ‘Mira ese coño depilado, mojado para mí’. Me lame el clítoris, lengua rápida, dos dedos dentro, curvados en mi punto G. ‘¡Sí, chúpame, cabrón!’, grito. El zumbido del AC, olor a su sudor mezclado con mi humedad. Me corro rápido, temblando, jugos por sus labios. No para. ‘Ahora mi turno’. Me pone a cuatro patas, polla en mi boca. La chupo honda, saliva goteando, bolas en mi barbilla. ‘Buena puta de aeropuerto’, jadea.
Follada Urgente en la Habitación Fría
Me penetra de golpe. ‘¡Ahhh, qué prieta!’, ruge. Folla duro, brutal, cama chirriando. Pala en mi culo, pellizca pezones. ‘Más fuerte, rómpeme el coño’, suplico. Cambiamos: yo encima, cabalgo su polla, tetas rebotando. Siento cada vena rozando mis paredes. Él me agarra las caderas, sube y baja. ‘Me voy a correr’, dice. ‘Dentro, lléname’, ordeno. Eyacula caliente, chorros profundos. Yo exploto otra vez, clítoris frotando su pubis.
Sudados, jadeantes. Miramos el reloj: dos horas volaron. ‘Mi vuelo…’, digo. Él sonríe: ‘Souvenir en tu maleta’. Ducha rápida, olor a sexo en mi piel. Nos besamos en la puerta, adiós sin nombres. Vuelvo al aeropuerto, piernas flojas, coño palpitando con su semen. Anuncios retumban, café huele igual. Subo al avión con esa quemazón dentro. Mañana, vida normal. Pero esto… uf, lo llevo conmigo para siempre.