Mi Escala Torride en el Hotel del Aeropuerto: Follando con un Desconocido

Estaba muerta de cansancio después de un vuelo eterno. Escala de ocho horas en Barajas. Me arrastré al hotel del aeropuerto, ese de paredes impersonales y luces frías. El bar olía a café quemado y croissants rancios. Anuncios de vuelos retumbaban de fondo: ‘Vuelo IB-345 a Sevilla, puerta 12’. Me pedí un gin-tonic, fuerte, para espabilarme.

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Ahí lo vi. Alto, moreno, con ojos que taladraban. Estaba solo, con una cerveza en la mano, maleta a los pies. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí, tonta. Él levantó la copa, guiño. Me acerqué, ¿por qué no? Soy de esas que adoran el anonimato de los viajes. ‘¿Escala larga?’, preguntó con acento andaluz, ronco. ‘Demasiado. Vuelo a Barcelona al amanecer’. Charla fluida: él artista, hace esculturas de cuerpos, moldes en yeso sobre piel desnuda. ‘Magnifican las tetas, las hacen perfectas’. Me reí, excitada por la idea. ‘¿Quieres que te muestre? Tengo habitación aquí arriba’. El corazón me latía fuerte. Adrenalina pura. ‘Vale, pero solo unas horas. Nada de promesas’. Subimos en el ascensor, su mano rozó mi culo. Puertas se cierran, beso salvaje.

La Mirada que lo Cambió Todo en el Bar

La habitación era un horno de aire acondicionado helado. Sábanas blancas crujientes, olor a limpio sintético. Me quitó la blusa de un tirón. ‘Joder, qué tetas’. Las amasó, pezones duros como piedras. Yo jadeaba, ‘Despacio… o no’. Le bajé el pantalón, polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mmm, qué pedazo’. Me arrodillé, la chupé honda, saliva goteando. Él gruñía, ‘Así, puta, trágatela’. Me levantó, contra la pared. Dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, zorra’. Dos dedos dentro, frotando clítoris. Gemí alto, ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’.

El Polvo Urgente y la Despedida Caliente

Me tiró en la cama, piernas abiertas. Polla embistiendo, dura, hasta el fondo. ‘¡Ahhh! Sí, rómpeme’. Ritmo brutal, cama chirriando. Sudor mezclado, piel pegajosa. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando. Él pellizcaba pezones, ‘Córrete, venga’. Explosión, coño contrayéndose alrededor de su verga. Él no paraba, me dio la vuelta, a cuatro patas. ‘Ahora por detrás, como perra’. Golpes secos, huevos contra mi culo. ‘Me voy a correr… ¿dónde?’. ‘Dentro, lléname’. Chorros calientes, gemido ronco. Colapsamos, jadeos, risas nerviosas. ‘Eres una diosa’, murmuró, besando mi cuello.

Amanecer. Anuncios de vuelos otra vez en el pasillo. Me duché rápido, agua caliente quemando piel marcada por sus uñas. Él dormía, polla floja sobre muslo. Le besé la boca, ‘Adiós, artista. Buen viaje’. Bajé, check-out express. Mi vuelo llamaba. En el avión, coño dolorido, sonrisa pícara. Ese polvo anónimo, sin nombres reales, en mi bagage a mano para siempre. Mañana, vida normal. Hoy, fuego puro.

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