Mi Escala Ardiente en el Hotel del Aeropuerto: Un Polvo Épico con un Desconocido

Estaba en escala en Barajas, joder, qué puto cansancio después de 8 horas volando desde Buenos Aires. Mi vuelo a Valencia salía al amanecer, así que pillé habitación en el hotel del aeropuerto. Bajé al bar de la sala de embarque, olor a café quemado mezclado con desinfectante, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me pedí un gin-tonic, las luces frías parpadeando, la clim dándome escalofríos en las tetas.

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Ahí lo vi. Alto, moreno, traje arrugado de ejecutivo perdido. Estaba solo, mirando el móvil, con una cerveza a medio. Nuestras miradas se cruzaron… uf, esa chispa. Sonreí, él levantó la vista, pestañeó. ‘¿Española?’, me soltó con acento francés. ‘De toda la vida, guapo. ¿Y tú?’. Charlamos, risas nerviosas. Se llamaba Marc, en escala a París. ‘Dos horas de libertad antes de que nos separen los cielos’, dijo guiñando. Sentí el calor subiendo, el coño ya picando. ‘¿Y si las compartimos arriba? Mi habitación es impersonal, sábanas blancas crujientes, nadie nos conoce’. Dudó un segundo, ‘Joder, sí’. Adrenalina pura, el corazón latiendo como un tambor.

El cruce de miradas en la sala de embarque

Subimos en el ascensor, silencio cargado, su mano rozando mi culo. Entramos, puerta azotada, clim helada contra mi piel sudada. Me besó salvaje, lengua dentro, mordiendo labios. ‘Quítate todo’, gruñí. Se desnudó rápido, polla tiesa enorme, venosa, goteando pre-semen. Yo en bragas, tetas al aire, pezones duros. Me tiró en la cama, sábanas frescas contra mi espalda. ‘Eres una puta viciosa’, murmuró lamiendo mi cuello. Bajó, arrancó bragas, olí mi propia humedad. ‘Mira este coño depilado, chorreando’. Metió lengua, chupando clítoris, dedos dentro revolviendo. Gemí alto, ‘¡Sí, cabrón, come mi chocho!’. Anuncios de vuelos lejanos, como banda sonora.

Follada brutal y el adiós al amanecer

No aguanté, lo empujé. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’. Se puso encima, polla rozando entrada. ‘Vas a gritar’, dijo. Empujó de golpe, llena hasta el fondo, estirándome. ‘¡Joder, qué polla gorda!’. Embestidas brutales, cama chirriando, mis uñas en su espalda. Cambiamos, yo encima cabalgando, tetas botando, coño tragándosela entera. ‘¡Más fuerte, métesela hasta el útero!’. Sudor goteando, olor a sexo crudo, su saliva en mis tetas. Me volteó a cuatro, nalgadas rojas, polla martilleando ano no, coño sí, profundo. ‘Me corro… ¡ahhh!’. Él gruñó, ‘Toma mi leche, puta’. Chorros calientes dentro, rebosando muslos.

Quedamos jadeando, cuerpos pegajosos. Mirada cómplice, ‘Ha sido brutal’. Se duchó rápido, yo limpiando corrida con toalla. ‘Mi vuelo…’, dijo besándome. Abrazos torpes, puerta cerrando suave. Bajé al aeropuerto, amanecer gris, olor a café otra vez, coño palpitante, braguita húmeda en el bolso. Despegamos, recuerdo quemándome, sonrisa pícara. Mañana normal, pero esto… inolvidable.

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