Mi follada loca en el hotel del aeropuerto durante la escala

Estaba en ese hotel cutre al lado del aeropuerto, escala forzada por una tormenta de cojones. Mi vuelo de Madrid a Barcelona retrasado horas. Llovía a cántaros, truenos retumbando. Entré al bar del lobby, olía a café quemado y a esos bollos industriales. La clim ronroneaba fría, me puse la chaqueta. Anuncios de vuelos por los altavoces: ‘Atención, vuelo EK456 a Dubái…’. Me pedí un gin-tonic, cansada, pensando en la cama impersonal que me esperaba arriba.

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Ahí lo vi. Alto, moreno, ojos intensos. Sentado solo, con una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, yo aparté la vista, pero volví. ‘¿Española?’, me dijo con acento francés. ‘Sí, de paso’, respondí, riendo nerviosa. Se llamaba algo como Phil, no sé, da igual. Hablamos de la tormenta, de vuelos perdidos. ‘Mi avión sale en cuatro horas’, le dije. ‘El mío en cinco. ¿Por qué no matamos el tiempo?’. El corazón me latía fuerte. Anonimato total, nadie nos conocía. ‘Venga, sube a mi habitación’, solté yo, adrenalina pura. Nos fuimos, risas ahogadas en el ascensor.

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

La habitación era un horno frío, drapos blancos almidonados, olor a desinfectante. Cerró la puerta y me besó salvaje, lengua dentro, manos en mi culo. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Le arranqué la camisa, pezones duros bajo mis dedos. Se quitó los pantalones, polla tiesa saltando, gruesa, venosa. ‘Chúpamela’, pidió ronco. Me arrodillé, la metí en la boca, saliva chorreando, gimiendo yo también. Lamí los huevos, succioné fuerte, él gimiendo ‘Sí, así, puta guarra’. Me levantó, tiró en la cama, falda arriba, braga a un lado. Dedos en mi coño húmedo, ‘Estás empapada, zorra’. Metió dos, luego tres, follándome con la mano mientras me mordía el cuello.

Follada intensa y urgente en la habitación

No aguanté más. ‘Fóllame ya’, supliqué. Se puso encima, polla empujando mi entrada, resbaladiza. Entró de un golpe, llena hasta el fondo. ‘¡Hostia, qué prieta!’, gruñó. Embestidas brutas, cama crujiendo, piel sudada contra la sábana fría. Yo clavándole uñas, ‘Más fuerte, cabrón, rómpeme’. Cambiamos, yo encima, cabalgando como loca, tetas botando, coño tragándosela entera. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Me giró a cuatro patas, palmadas en el culo rojo, follándome como animal. ‘Me corro’, avisó. ‘Dentro, lléname’, grité. Chorros calientes inundándome, yo explotando en orgasmos, temblores, jugos por las piernas.

Nos quedamos jadeando, cuerpos pegados. La clim zumbaba, anuncios lejanos. ‘Ha sido brutal’, dijo él, besándome. Miré el reloj: dos horas para mi vuelo. ‘Tengo que irme’. Ducha rápida, ropa puesta, beso fugaz. ‘Sin nombres, sin números’, sonreí. Bajamos, se despidió en el lobby con guiño. Corrí al aeropuerto, maleta en mano, coño palpitando aún, semen resbalando. Embarqué con el recuerdo ardiendo, sonrisa pícara. Mañana, vida normal. Pero esto… esto lo llevo en el equipaje de mano para siempre.

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