Estaba en esa escala eterna en el hotel al lado del aeropuerto de Madrid. Vuelo retrasado tres horas. El olor a café quemado del lobby me mareaba, mezclado con el zumbido de las anuncios de vuelos por los altavoces. ‘Vuelo EK147 a Dubái, puerta 23’. Frío de la clim, piel de gallina. Me senté en la barra, copa de vino en mano, pensando en lo jodido que es viajar sola pero lo liberador.
Lo vi entrar. Alto, barba espesa como un lobo gris, ojos que taladraban. Chaqueta de cuero gastada, olor a tabaco y aventura. Se sentó al lado, pidió un whisky. Nuestros brazos rozaron. ‘¿Escale larga?’, dijo con voz ronca, acento francés quizás. Sonreí, piernas cruzadas. ‘Sí, y tú?’. Mirada fija, esa chispa. Sabía que mi vuelo salía al amanecer, el suyo antes. Horas libres, nada que perder. ‘¿Subimos?’, solté directa. Él dudó un segundo, sonrió lobuno. ‘Vamos’. Adrenalina pura, corazón latiendo fuerte.
El Encuentro en el Bar del Hotel
La habitación impersonal, drapos blancos crujientes, clim a tope helando la piel. Puerta cerrada, ya nos devorábamos. Manos urgentes, quitando ropa. ‘Joder, qué ganas’, murmuró él, mordiendo mi cuello. Olía a sudor fresco, a hombre de paso. Le bajé el pantalón, su polla dura saltó, gruesa, venosa. ‘Mmm, mira esta verga’, dije lamiéndome labios. La chupé profundo, saliva goteando, él gimiendo ‘puta madre, qué boca’. Me levantó, contra la pared, falda arriba. Dedos en mi coño ya empapado. ‘Estás chorreando, zorra’. Entró de golpe, follándome salvaje. Golpes secos, piel chocando, cama no usada aún temblando.
El Polvo Intenso y la Despedida Rápida
Lo monté encima, polla clavada hasta el fondo, mis tetas rebotando. ‘Fóllame más fuerte, cabrón’, jadeaba yo, uñas en su espalda. Él me volteó a cuatro, nalgadas rojas, oliendo a sexo crudo. ‘Tu coño aprieta como puta gloria’. Sudor goteando, clim contrastando con el calor de nuestros cuerpos. Cambiamos posturas, piernas enredadas como enredaderas locas, su lengua en mi clítoris hinchado, yo corriéndome gritando ‘¡Sí, joder!’. Él explotó dentro, condón lleno, gruñendo como animal. ‘Saperlipopette, qué polvo’, soltó riendo, refiriéndose a no sé qué locura suya.
Minutos después, exhaustos en los drapos revueltos. Reloj marcaba 4 AM. ‘Mi vuelo’, dijo él besándome. ‘El mío pronto’. Ducha rápida, agua caliente lavando evidencias. Abajo, lobby vacío, café frío olvidado. Último beso salado. ‘Sin nombres, sin mañana’, susurré. Él guiñó, desapareció hacia su puerta. Yo al avión, coño palpitando aún, recuerdo ardiente en mi bagaje de mano. Vuelo despegando, sonrisa pícara. Qué viaje de mierda… y qué gloria.