Estaba en el aeropuerto, escale de cuatro horas entre vuelos. Madrid-Barcelona, un lío de conexiones. Me senté en el bar de la sala de embarque, con mi café humeante, ese olor fuerte que se mezcla con el zumbido de los anuncios. ‘Vuelo IB-345 a las 22:30, puerta 15’. La clim fría me erizaba la piel bajo la blusa ligera. Sesenta y dos tacos, pero me cuido, falda ceñida, tacones, string negro que ya me picaba un poco. Miraba alrededor, aburrida, buscando… algo. Anonimato total, nadie me conoce aquí, y en unas horas me voy. Adrenalina pura.
Entonces, lo vi. Sentado dos mesas más allá, hombre maduro, unos cincuenta, camisa abierta, pantalón ajustado. Ojos que escanean, como yo. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa mía, leve. Él respondió, guiño rápido. Me levanté, pasé cerca, rozando su brazo ‘sin querer’. ‘¿Escala larga?’, preguntó, voz grave. ‘Sí, cuatro horas muertas. ¿Y tú?’. ‘Igual, París mañana’. Charla tonta: vuelos, cansancio. Pero el aire cargado. ‘Hay un hotel cápsula al lado, quince minutos. ¿Compartimos el tiempo?’, soltó él. Dudé un segundo, corazón acelerado. ‘Venga, ¿por qué no?’. Agarré mi bolso, él pagó las copas. Caminamos rápido, mano en mi cintura. Elevador al parking, taxi en dos minutos. Hotel cutre pero limpio, recepción 24h, llave magnética. Habitación 207, clim ronroneando, sábanas blancas impolutas, olor a desinfectante y sexo posible.
El cruce de miradas en la sala de embarque
Puerta cerrada, ni besos suaves. Me empujó contra la pared, boca en mi cuello, manos subiendo falda. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Yo jadeando, ‘Fóllame ya, no hay tiempo’. String a un lado, dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Gemí, sí, me encanta eso. Le bajé el pantalón, polla dura, gruesa, venosa. La chupé de rodillas, saliva goteando, bolas en la mano. ‘Mmm, qué buena boca’, gruñó él, follándome la garganta. Me levantó, capaote en la cama, piernas abiertas. Lamida rápida al clítoris, dos dedos dentro, chapoteo obsceno. ‘Me corro, joder’, grité, vientre temblando, jugos por sus labios.
La follada urgente en la habitación
Él encima, condón puesto con prisa. Polla entrando de un golpe, hasta el fondo. ‘¡Sí, así, rómpeme el coño!’, aullé. Ritmo brutal, cama chirriando, sudor mezclándose. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas fuera, pezones duros. ‘Mira cómo te follo, cabrón’. Él pellizcando, azotando nalgas. ‘Date la vuelta, quiero tu culo’. No anal, pero dedo en el ojete mientras me penetra. Anuncios de vuelos lejanos por la ventana entreabierta, ‘Vuelo a las 22:00…’. Urgencia total. ‘Córrete dentro, lléname’, supliqué. Él rugió, espasmos, calor falso pero intenso. Yo me corrí otra vez, uñas en su pecho, grito ahogado.
Minutos después, ducha rápida, agua caliente lavando fluidos. Besos torpes. ‘Ha sido brutal’, dijo él, vistiéndose. ‘Sin nombres, sin números. Buen vuelo’. Sonrisa mía, piernas flojas, coño palpitando. Bajamos, taxi de vuelta. Mi vuelo en 45 minutos. Sentada en la sala, olor a café otra vez, anuncio: ‘Embarque puerta 15’. Sonrisa interna, recuerdo quemando en mi cabeza. Ningún mañana, solo esto. Perfecto.