Estoy en el aeropuerto de Barcelona, escala de mierda de cuatro horas hasta mi vuelo a Madrid. Huele a café quemado por todos lados, y las voces mecánicas anuncian vuelos retrasados una y otra vez. ‘Vuelo AZ-456 a Roma, puerta 12…’ Me aburro en la sala de embarque, con el aire acondicionado helado que me pone la piel de gallina bajo la blusa fina. Llevo falda corta, porque viajo ligera, siempre abierta a lo que pinte.
Veo a un tío alto, moreno, con ojos que queman. Está en la barra del bar, pidiendo un whisky. Nuestras miradas se cruzan, y… uf, hay chispa. Sonrío, él levanta la copa. Me acerco, ¿por qué no? ‘Hola, ¿esperando también? Mi vuelo sale en tres horas’, digo, sentándome al lado. Se llama Marco, italiano de paso a Roma. ‘Sí, pero parece eterno. ¿Quieres unirte?’, responde con acento sexy. Charlamos, risas, roces casuales. El corazón me late fuerte, esa adrenalina del viaje, de saber que en unas horas cada uno tira palante, sin compromisos.
La Mirada que lo Cambió Todo en la Sala de Espera
‘¿Y si matamos el tiempo en el hotel de al lado? Hay uno cutre pero con habitaciones libres’, suelta él de repente. Dudo un segundo, pero mi coño ya palpita. ‘Venga, vamos. Solo unas horas’. Pagamos rápido, salimos al frío de la noche, taxis volando. En recepción, huelo su colonia mezclada con el ambientador barato. Subimos, la habitación impersonal: sábanas blancas crujientes, clim petando frío.
La puerta se cierra y nos comemos a besos. Manos por todos lados. ‘Joder, qué ganas’, murmura él tirándome en la cama. Me arranca la blusa, chupa mis tetas duras como piedras. ‘Qué pezones tan ricos’, gime. Yo le bajo los pantalones, su polla sale tiesa, gorda, venosa. ‘Mmm, qué pedazo de verga’, digo lamiendo el glande salado. Me la meto en la boca, chupando fuerte, garganta profunda hasta que me ahogo un poco. Él agarra mi pelo: ‘Sí, cabrona, trágatela toda’. Le masajeo las huevos peludas mientras succiono, saliva chorreando.
La Noche de Placer Brutal y Despedida Rápida
Me pone a cuatro patas, me abre el culo. ‘Mira qué coño mojado, puta viajera’. Me mete dos dedos, me folla con ellos rápido. Grito: ‘¡Más, joder!’. Saca la lengua, me lame el clítoris hinchado, chupando como loco. ‘Sabe a miel, tu chocho’. Me corro fuerte, temblando, piernas flojas. ‘Ahora te la clavo’, dice poniéndose condón. Me penetra de golpe, su polla me parte en dos. ‘¡Aaah, qué dura! Fóllame fuerte, que se acaba el tiempo’. Embiste como animal, cachetazos en el culo, tetas rebotando. Cambio: yo encima, cabalgando salvaje, su verga tocando fondo. ‘Me vas a llenar de leche’, jadeo. Él aprieta mis caderas: ‘Sí, zorra, agárrate’.
Posición de perrito otra vez, me agarra las tetas, pellizca pezones. Sudor por todos lados, la clim no para el calor nuestro. ‘Me corro, joder’, gruñe. Eyacula fuerte dentro del condón, yo exploto de nuevo, coño apretando. Nos derrumbamos, pantelantes, olor a sexo en el aire.
Miro el reloj: dos horas voladas. ‘Mi vuelo…’, digo incorporándome. Él asiente: ‘El mío también. Ha sido brutal’. Nos vestimos rápido, besos torpes en el pasillo. Bajamos, taxis separados. En el avión, anuncio de despegue, sonrío con el coño aún palpitando. Ese recuerdo quema en mi maleta de mano, pura adrenalina anónima.