Estaba en el aeropuerto de Madrid, escala de tres horas. El vuelo de Barcelona a México se retrasaba. Me senté en el bar, olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Pasajeros del vuelo IB-347 a Roma, a la puerta 12’. Sudaba un poco, la chaqueta en el taburete. Pedí un gin-tonic, para matar el tiempo.
Él estaba al lado, alto, moreno, con esa camiseta ajustada que marcaba pecho. Miradas cruzadas. Sonrisa. ‘¿Española?’, me dijo con acento francés. ‘Sí, de Madrid. ¿Y tú?’. ‘De París, escala a Nueva York’. Charlamos. Risas. El alcohol subía. ‘Tres horas muertas. ¿Qué hacemos?’, dijo. Dudé. ‘Hay un hotel al lado, 20 minutos’. Corazón latiendo fuerte. ‘Venga, ¿por qué no?’. Agarré mi maleta de cabina, él la suya. Adrenalina pura. Sabía que en unas horas me iría, sin números, sin nombres reales.
El cruce de miradas en la sala de espera
Caminamos rápido, el aire fresco de la noche. Check-in express, habitación impersonal, climatizador zumbando frío. Draps blancos crujientes, olor a limpio y desinfectante. Cerró la puerta. ‘Eres preciosa’, murmuró, besándome el cuello. Manos en mi culo. ‘Espera… ¿seguro?’, dije, pero ya le desabrochaba la camisa. ‘Sí, joder, no hay tiempo’. Se quitó la camiseta, polla ya dura bajo los pantalones. La saqué, gruesa, venosa. ‘Mmm, qué polla más rica’. Me arrodillé, lamí la punta, salada. Él gemía, ‘Chúpamela, puta’. La tragué hasta la garganta, saliva chorreando.
Me tiró en la cama, falda arriba, braga a un lado. Dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando, zorra’. ‘Fóllame ya’, supliqué. Polla entrando de golpe, dura como piedra. ‘Ahhh, joder, qué prieta’. Embestidas brutales, cama chirriando. Sudor mezclándose, su pecho contra mis tetas. ‘Más fuerte, cabrón’. Me volteó, levrette, nalgadas. ‘Tu culo es perfecto’. Polla hundiéndose, coño ardiendo. ‘Me corro… no pares’. Él aceleró, ‘Toma leche, puta’. Chorros calientes dentro, yo temblando, orgasmo rasgándome.
El polvo urgente antes del vuelo
No paramos. Segunda ronda. Yo encima, cabalgando esa polla tiesa. Tetazas rebotando, él chupándolas. ‘Muerde, sí’. Anuncios de vuelos lejanos en la tele de fondo. ‘Mi vuelo sale en una hora’, jadeé. ‘Uno más’. Me comió el coño, lengua en el clítoris, dedos en el ano. ‘Ahhh, sí, límemelo’. Me corrí en su boca, jugos por su barbilla. Él se puso de pie, mamada rápida, leche en mi cara. ‘Trágatela’. Salado, espeso.
Luz del amanecer filtrándose. Ducha rápida, jabón neutro, cuerpos pegajosos. ‘Ha sido brutal’, dijo, besándome. ‘Sin arrepentimientos’. Bajamos, maletas en mano. En la puerta del hotel, abrazo corto. ‘Buen viaje’. Corrí al aeropuerto, olor a sexo en la piel, coño palpitando. Embarqué con esa quemazón en el bagage a mano. Ningún mañana, solo recuerdo ardiente.