Estaba en escale en el aeropuerto de Madrid, volviendo de un viaje de trabajo. Una tormenta brutal había cancelado mi vuelo por horas. Lluvia torrencial, viento helado. Llegué al hotel de al lado empapada, tiritando. Mi blusa pegada al pecho, mis pezones duros como piedras marcándose. Olía a café quemado del lobby, anuncios de vuelos retardados retumbando: ‘Vuelo a Barcelona, demora de tres horas’. Me metí en el bar cutre del hotel, climatizado a tope, piel de gallina.
Pedí un chocolate caliente, pero seguía congelada. Solo dos tíos en la barra: uno mayor, como de 60, cara curtida de camionero, Julio. El otro, su hijo Leo, unos 40, tímido, musculoso. Me miraban de reojo. ‘Estás helada, guapa’, dice Julio con acento del norte. ‘¿Un lingotazo de orujo para entrar en calor?’. Dudé. ‘Mi vuelo sale en unas horas… pero vale, sí, dame uno’. El camarero sirvió un vaso turbio, sin etiqueta. Brûlant en la garganta, tosí. Calor subiendo por el pecho. Otro trago, y la cabeza ligera.
El encuentro en el bar bajo la tormenta
‘¿Vienes sola?’, pregunta Julio. Leo callado, pero sus ojos clavados en mis tetas. ‘Sí, marido en casa. Pero aquí soy libre, ¿no?’. Risas. ‘Nuestra habitación está arriba, seca la ropa, el fuego en la chimenea. Solo un rato’. El orujo me soltó la lengua. ‘Vale, pero rápido’. Subí con ellos al ascensor, olor a tabaco y hombre. Habitación impersonal, sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando.
Leo me llevó al baño. ‘Ducha caliente, te dejo toallas’. Su mano grande, callosa, rozó la mía. Frío, pero escalofrío bueno. Me desnudé, agua hirviendo en la piel. Por la rendija de la puerta, lo vi mirándome. Nuestros ojos cruzados. Me abrí de piernas, dedos en el coño ya húmedo. ‘Joder, qué polla gorda debe tener’. Me corrí rápido, pensando en él.
Bajé con su bata, tetas medio fuera. Más orujo en la mesa. ‘Estás preciosa’, dice Julio. Pongo mano en la de Leo, la acaricio. Él tiembla. Me levanto, masajeo sus hombros duros. Mano baja al pecho, pelo rizado. Encuentro el pezón, lo pincho. Gime. ‘Sube conmigo, Leo. Quiero tu polla ya’.
En su cuarto, luces tenues, nubes negras fuera. ‘Túmbate’. Me monto encima, falda subida. Desabrocho su camisa, manos en pectorales velludos. Besos en cuello, bajando al ombligo. Siento su polla tiesa contra mi culo. ‘Joder, qué dura’. Me quito la bata, sostén viejo. Guío sus manos a mis tetas. ‘Suave, coño’. Las aprieta, pezones duros. Guío dedos: ‘Así, muévelos’. Me corro fuerte, gritando su nombre.
Doble penetración en la habitación con urgencia
Bajo, beso su polla gorda por el slip. La saco, venosa, cabezota roja. Chupo despacio, hasta la garganta. Él gime, me agarra pelo. ‘No corras aún’. Me empala la boca, lechada caliente bajando. Me corro otra vez.
‘Enséñame tu coño’. Le guío la mano, labios abiertos, clítoris hinchado. ‘Así, lento’. Sus dedos gruesos me follan, me corro a chorros. Polla otra vez dura. ‘Fóllame ya’. Me abre piernas, entra de un empujón. ‘¡Qué coño apretado!’. Va-et-vient lento, luego bestia. Piernas en su espalda, polla en el fondo. Nos corremos juntos, su leche llenándome.
Julio en la puerta, polla fuera. ‘Ven, únete. Leo, mójame el culo con saliva’. Monto a Julio, su polla fina pero dura en mi coño lechoso. Leo atrás, lengua en mi ano. Empuja, gland pasa. ‘¡Sí, los dos dentro!’. Pollas rozándose dentro, separadas por pared fina. Muevo cadera, follada doble. Julio primero, leche caliente. Leo explota en mi culo. Orgasmos brutales, grito sin control.
Sudados, pegados. Anuncio vuelo: ‘Embarque en 30 minutos’. Me visto rápido, bragas para Leo como recuerdo. Besos calientes. ‘Nos vemos, quién sabe’. Bajo corriendo, coño y culo goteando, sonrisa pícara. Vuelo despega, su leche en mi equipaje de mano, secreto ardiente.