Estaba en escale en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado tres horas. Me senté en el bar del hotel al lado del aeropuerto. Olor a café quemado, mezclado con desinfectante. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Sudor pegajoso en la nuca por el calor del día. Pedí un gin-tonic, hielo tintineando en el vaso.
Él estaba dos taburetes más allá. Alto, moreno, ojos intensos. Traje arrugado, corbata floja. Me pilló mirándolo. Sonrió, ese gesto pícaro. ‘¿Escale eterna, eh?’, dijo con acento francés. ‘Sí, joder, un coñazo’, respondí riendo. Charlamos. Se llamaba Alex, volvía de negocios. Yo, Laura, de camino a Barcelona. Soltera, abierta, adorando estos momentos fugaces. Anonimato total, sin mañana.
El cruce de miradas en el bar
Sus rodillas rozaron las mías. Chispa. ‘Mi habitación está arriba. ¿Café? O lo que sea’, murmuró, voz ronca. Miré mi reloj: dos horas libres. Corazón latiendo fuerte. ‘Venga, vamos’, dije, bajando del taburete. Adrenalina pura, sabiendo que en unas horas, cada uno a su avión.
Subimos en ascensor. Aire acondicionado helado, piel erizada. Puerta cierra. Sábanas blancas impolutas en la cama king size. Olía a limpio, impersonal. Me empujó contra la pared. Beso salvaje, lenguas enredadas. Manos por todas partes. ‘Joder, qué ganas’, gruñó quitándome la blusa. Sus dedos en mis tetas, pellizcando pezones duros.
Le bajé los pantalones. Polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mmm, qué pedazo’, susurré lamiendo la punta. Sal pre-semen salada. Me arrodillé, mamándola profunda. Glups, glups, saliva chorreando. Él gimiendo: ‘Sí, cabrona, trágatela toda’. Me levantó, tirándome en la cama. Draps fríos contra mi culo desnudo.
El polvo urgente y la despedida
Me abrió las piernas. Coño mojado, labios hinchados. ‘Mira cómo brillas’, dijo metiendo dos dedos. Bombeó rápido, chapoteo húmedo. ‘Fóllame ya’, supliqué. Polla embistiendo de golpe. ‘¡Ahhh!’, grité. Entró hasta el fondo, coño apretado tragándosela. Ritmo brutal, cama crujiendo. Sudor goteando, cuerpos chocando: plaf, plaf.
Cambié posición. A cuatro patas, él detrás. Nalgadas rojas. ‘Tu culo perfecto’, jadeó clavándomela más hondo. Yo frotando clítoris, orgasmos subiendo. ‘Me corro… ¡joder!’, exploté temblando. Él no paró. Sacó, me puso boca arriba. ‘Abre la boca’. Chorros calientes en mi lengua, tragué todo.
Pero no acabó. Me volteó, lengua en mi ano. ‘Relájate’. Dedos lubricados, luego polla empujando. ‘¡Despacio… ahhh sí!’. Anal intenso, dolor-placer. ‘Tu culito virgen me aprieta’, gruñó follando fuerte. Otro orgasmo mío, él corriéndose dentro.
Agotados, abrazados. Reloj: una hora. ‘Mi vuelo…’, dije. Se duchó rápido. Yo también, agua caliente lavando semen. Vestida, beso último. ‘Gracias por esta locura’, sonrió. Bajé al aeropuerto, piernas flojas, coño palpitando. Anuncio: ‘Embarque Barcelona’. Despegamos. Recuerdo quemando en mi mente, como bagaje secreto.