Escala caliente en Bruselas: follé con un desconocido en el hotel del aeropuerto

Estaba en el aeropuerto de Bruselas, escala de mierda por un vuelo retrasado. Olía a café quemado y croissants rancios. Anuncios de vuelos en inglés, francés, flamenco… un ruido de fondo que me ponía nerviosa. Llevaba horas allí, sudando bajo la climatización helada, con mi maleta a cuestas. Me senté en la barra del bar, pedí un gin-tonic. Él estaba al fondo, solo, con una cerveza. Treinta y tantos, moreno, mirada intensa. Nuestros ojos se cruzaron. Sonrió. Yo… desvié la vista, pero volví a mirarlo. Adrenalina. Sabía que mi vuelo salía al alba, él parecía en la misma. ¿Local? No importaba. Hablamos. ‘¿Española?’, dijo con acento francés. ‘Sí, de Madrid. ¿Y tú?’ ‘De Tours, pero vivo aquí ahora’. Charla tonta: el retraso, el cansancio del viaje. Pero el aire cargado. Sus manos grandes, mi falda corta. ‘¿Hotel cerca?’, pregunté. Dudó. ‘Sí, uno cutre al lado. ¿Vienes?’ Corazón latiendo fuerte. ‘Vale, unas horas nomás’. Pagamos, salimos. Noche lluviosa, olor a asfalto mojado.

El hotel era impersonal: recepción automática, ascensor chirriante, habitación con sábanas blancas tiesas por el almidón, aire acondicionado zumbando frío. Cerramos la puerta. Silencio. Me miró. ‘Eres preciosa’. Me acerqué, lo besé. Duro, urgente. Lenguas enredadas, sabor a cerveza y menta. Manos por todas partes. Me quitó la blusa, yo su camisa. Sus pechos firmes contra los míos… no, él tenía pectorales duros. Bajé la cremallera de sus pantalones. Su polla saltó, gruesa, venosa, ya tiesa. ‘Joder, qué polla más gorda’. La agarré, masturbarla lento. Gimió. ‘Chúpamela’. Me arrodillé en la alfombra áspera. Boca abierta, lengua en el glande, saliva chorreando. La tragué hasta la garganta, vaivenes rápidos. Él en mi pelo: ‘Sí, así, puta guarra’. Me encantaba. Me levantó, tiró en la cama. Sábanas frías en la piel caliente. Me arrancó las bragas, falda arriba. Dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando’. Dos dedos dentro, frotando el punto G. Gemí fuerte. ‘Fóllame ya’. Se puso un condón –benditos viajes, siempre llevo–. Me abrió las piernas, entró de golpe. ‘¡Ahhh!’. Polla llenándome entera, golpes secos. Yo arqueada, uñas en su espalda. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje. Tetas rebotando, él chupándolas, mordiendo pezones. ‘Más duro, joder’. Sudor mezclado, olor a sexo crudo. Me puso a cuatro patas, nalgadas resonando. Polla embistiendo mi coño, bolas golpeando clítoris. ‘Me corro…’. Él aceleró: ‘Yo también, hostia’. Eyaculó dentro, yo explotando en orgasmos, coño contrayéndose, chorros de placer. Colapsamos, jadeando. Besos suaves, risas. ‘Eres una viciosa’. ‘Tú un semental’.

La espera y el primer cruce de miradas

Al alba, anuncio del vuelo retumbó lejano. Luz gris entrando por la persiana. Nos vestimos rápido. ‘Ha sido brutal’. Sonrisa pícara. ‘Sin nombres, sin mañana’. Lo besé una última vez, sabor salado. Bajamos, él al parking, yo a embarque. Maleta en mano, coño aún palpitando, recuerdo ardiente. Subí al avión, sonrisa tonta. Adiós, desconocido. Bruselas, te llevo en las bragas.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top