Escala Torride Sin Bragas: Follada Salvaje con un Desconocido en Hotel Aeropuerto

Estaba en la sala de embarque del aeropuerto de Madrid, vuelo a Barcelona retrasado tres horas. El aire olía a café quemado de la cafetería cercana, y las altavoces no paraban: ‘Pasajeros del vuelo IB-345…’. Me aburría, sentada con las piernas cruzadas, falda ligera por el calor. De repente, lo vi. Alto, moreno, ojos que taladraban. Me miró fijo, sonrisa pícara. Me mordí el labio, sentí un cosquilleo.

Me levanté, fui al bar. Pedí un gin-tonic, él se acercó. ‘¿Vol retrasado también?’, dijo con acento argentino. ‘Sí, jodido… ¿Y tú?’, respondí, voz ronca. Charlamos, se llamaba Marcos, vol a Buenos Aires al amanecer. ‘Tenemos unas horas libres, ¿no?’, murmuró, mano rozando mi brazo. El corazón me latía fuerte. Pensé en mi equipaje de mano, en lo anónimo del viaje. ‘Hay un hotel aquí al lado, cinco minutos’, solté. Él asintió, pagó las copas. Caminamos rápido, su mano en mi cintura.

El cruce de miradas en la sala de embarque

En el ascensor del hotel, ya no aguantaba. ‘No llevo bragas’, le confesé, recordando cómo me las quité en el baño del aeropuerto, excitada por la idea. ‘¿En serio? Joder, qué puta’, rio él, metiendo mano bajo mi falda. Sentí sus dedos en mi coño ya húmedo. Llegamos a la habitación, 204, aire acondicionado helado, sábanas blancas impolutas oliendo a detergente. Cerró la puerta, me empujó contra ella.

‘Quítate todo’, gruñó. Me arranqué la blusa, falda al suelo. Desnuda, pezones duros por la clim. Él se bajó los pantalones, polla gruesa saltando libre, venosa, cabeza brillante de precum. ‘Chúpamela’, ordenó. Me arrodillé, lamí desde las bolas hasta la punta, tragué saliva. ‘¡Coño, qué boca!’, jadeó. Le metí la polla hasta la garganta, babeando, él agarrándome el pelo. Dos minutos y ya quería follar.

La urgencia del polvo rápido en la habitación

Me tiró en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Abrí las piernas, coño depilado reluciente. ‘Métemela ya, no tenemos tiempo’, supliqué. Se colocó encima, polla rozando mi clítoris. ‘Estás empapada, zorra viajera’, dijo, y embistió de un golpe. ¡Joder! Llenó mi chocho hasta el fondo, estirándome. Empezó a bombear fuerte, rápido, cama crujiendo. ‘¡Más duro! ¡Fóllame como a una puta!’, grité. Sus huevos chocaban contra mi culo, sudor goteando, olor a sexo crudo mezclándose con el aire acondicionado.

Le arañé la espalda, él me mordió el cuello. Cambiamos, yo encima, cabalgando su verga como loca, tetas botando. ‘Me corro… ¡ah!’, gemí, orgasmo explotando, coño contrayéndose alrededor de su polla. Él no paró, me volteó a cuatro patas, metiendo dedos en mi culo mientras me taladraba. ‘Te voy a llenar de leche’, avisó. Aceleró, embestidas brutales, y ¡zas! Caliente, espeso, descargó dentro, chorros profundos. Me quedé temblando, su semen chorreando por mis muslos.

Nos separamos jadeando. Ducha rápida, agua tibia lavando el desastre. ‘Ha sido brutal’, dijo él, besándome. Miré el reloj: 4 AM, mi vuelo en una hora. Anuncios retumbando en mi cabeza. Me vestí, falda pegajosa sin bragas, coño palpitando. ‘Sin mañana, ¿eh?’, sonreí. Bajamos, nos despedimos en la puerta del hotel con un beso salado. Corrí al aeropuerto, olor a café otra vez, asiento vibrando bajo mi culo desnudo. Despegamos, su semen aún dentro, recuerdo ardiente en mi maleta de mano. Joder, qué viaje.

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