Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de tres horas antes de mi vuelo a Barcelona. El olor a café quemado del bar me golpeaba, mezclado con anuncios de vuelos por los altavoces. ‘Vuelo IB-345 a Barcelona, puerta 12’. Me senté en la barra, cansada, con mi maleta a los pies. Vestido ligero, piernas cruzadas, pensando en lo jodido que es viajar sola pero lo liberador.
Entonces lo vi. Alto, moreno, ojos intensos. Pidió una cerveza, su mirada se clavó en la mía. Dudé, sonreí. Él se acercó. ‘¿Escale eterna también?’, dijo con acento italiano. ‘Sí, tres horas muertas’, respondí, mordiéndome el labio. Charlamos. Se llamaba Marco, de Milán, volaba a Roma. Risas, roces casuales de rodillas. ‘Este sitio es un coñazo. ¿Hotel cerca?’, preguntó. Mi pulso se aceleró. ‘Sí, al lado. ¿Y si… matamos el tiempo?’. Él sonrió, pícaro. ‘Vamos’.
El Regalo del Destino en la Sala de Embarque
Pagamos, salimos. El hotel era impersonal, luces neón parpadeando. Recepción rápida, llave en mano. Subimos. La habitación olía a limpio artificial, aire acondicionado zumbando frío. Draps blancos crujientes. Cerró la puerta, me empujó contra ella. ‘Eres fuego’, murmuró. Sus labios en mi cuello, manos bajando mi vestido. ‘Espera… ¿seguro?’, balbuceé, pero ya estaba mojada. ‘No hay mañana, solo ahora’, dijo.
Caímos en la cama. Me arrancó las bragas, dedos directos a mi coño. ‘Estás chorreando’, gruñó. Lamí su polla dura, gruesa, venosa. ‘Joder, qué rica boca’. La chupé profundo, saliva goteando, él gimiendo. Me puso a cuatro, polla rozando mi clítoris. ‘Fóllame ya’, supliqué. Entró de un golpe, llenándome. ‘¡Hostia, qué prieta!’. Embestidas brutales, cama chirriando. Sudor mezclado, piel pegajosa. ‘Más fuerte, cabrón’. Me agarró las tetas, pellizcando pezones. Giró, me montó encima. Cabalgué su verga, coño tragándosela entera. ‘Me corro… no pares’. Explosión dentro, semen caliente inundándome.
Follada Urgente Bajo las Sábanas Frías
No paramos. Segunda ronda: me abrió las piernas, lengua en mi culo, dedos en coño. ‘Gime, puta’. Lamí sus huevos, tragué su lefa. Misionero salvaje, piernas en hombros, polla martilleando cervix. ‘¡Sí, rómpeme!’. Orgasmo tras orgasmo, temblores. Olor a sexo denso, sábanas empapadas. Reloj marcaba una hora. ‘Tu vuelo…’, jadeó. ‘Cállate y fóllame el culo’. Lubricó con saliva, entró lento. Dolor-placer, gemí alto. ‘Aprietas como virgen’. Bombeó hasta correrse otra vez.
Amanecía falso por la ventana. Anuncios lejanos: ‘Vuelo a Barcelona, última llamada’. Vestidos a prisa, besos húmedos. ‘Ha sido… inolvidable’, dijo. ‘Sin nombres, sin promesas’. Bajamos, nos separamos en la puerta. Él a su puerta, yo a la mía. En el avión, coño palpitando, semen goteando en bragas. Sonreí. Mejor bagaje de mano: ese polvo eterno en mi memoria.