Estaba en esa puta escala eterna en el aeropuerto de Madrid. Mi vuelo a Barcelona salía en cuatro horas. El bar olía a café quemado y a hamburguesas recalentadas. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Última llamada para el vuelo a París…’. Me pedí un gin-tonic, aburrida, mirando la pantalla de mi móvil. Ahí lo vi. Alto, con ojos tristes, apoyado en la barra. Parecía que le habían robado el alma. Su equipaje a los pies, una maleta raída. Nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió débilmente, yo le devolví una guiñada pícara. Eh… ¿qué coño, total, me voy en unas horas?
Me acerqué. ‘¿Esperando un vuelo o un milagro?’, le dije riendo bajito. Él soltó una risa amarga. ‘Mi ex se fue en el avión de hace rato. A Nueva York con otro’. Pobre. Le puse la mano en el brazo. Su piel caliente bajo la camisa. ‘Ven, siéntate conmigo. Yo te curo los males’. Pidió una cerveza. Hablamos. Él, francés, nombre Pierre. Yo, Lola, española de pura cepa, abierta como las piernas en un polvo rápido. La charla fluyó. Risas, roces casuales. El aire acondicionado zumbaba, frío contra mi piel. ‘¿Sabes qué? Tengo una habitación en el hotel de al lado. Escala larga. ¿Vienes a matar el tiempo?’. Dudó un segundo. ‘Joder, ¿por qué no?’. Agarré su mano. Corrimos bajo la lluvia fina hasta el hotel cutre. Check-in rápido, llave en mano.
El Encuentro en el Bar del Aeropuerto
La habitación era impersonal: sábanas blancas crujientes, olor a desinfectante y humedad. La climática rugía bajito. Cerré la puerta. Nos miramos. ‘Quítate la ropa’, le ordené, voz ronca. Él obedeció, polla ya medio dura asomando en los boxers. Yo me arranqué el top, pechos libres, pezones duros por el frío. ‘Ven aquí, cabrón’. Nos besamos salvajes, lenguas enredadas, saliva mezclada. Sus manos en mi culo, apretando fuerte. Lo empujé a la cama. ‘Quiero chuparte esa polla’. Me arrodillé. La saqué: gruesa, venosa, goteando pre-semen. La lamí desde la base, bolas en la boca, succionando. Él gemía: ‘Oh, puta madre…’. Le metí profunda, garganta apretada, babeando. Tosí un poco, pero seguí, rápida, porque el tiempo apremia.
Follada Intensa y Urgente en la Habitación
Me subí encima. Coño chorreando, lo guié dentro. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, gruñó. Me moví lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes. Draps blancos arrugándose bajo nosotros. Anuncios lejanos del aeropuerto filtrándose por la ventana. Aceleré, tetas botando, clítoris frotando su pubis. ‘Fóllame duro’, le pedí. Me volteó, a cuatro patas. Polla embistiendo como pistón, huevos golpeando mi culo. ‘¡Más! ¡Rompe mi coño!’. Sudor goteando, olor a sexo crudo invadiendo la habitación. Me corrí primero, gritando, jugos bajando por mis muslos. Él no paró, follándome sin piedad. ‘Me vengo…’. Chorros calientes llenándome. Colapsamos, jadeando. Minutos de caricias, besos suaves. ‘Eres increíble’, murmuró.
El reloj marcaba dos horas antes de mi vuelo. ‘Tengo que irme’. Me vestí rápido, coño aún palpitando, semen resbalando. Él en la cama, desnudo, sonrisa tonta. ‘Gracias, Lola. Me salvaste la noche’. Le di un beso largo. ‘Sin nombres, sin mañana. Solo esto’. Bajé al aeropuerto, olor a café de nuevo, piernas flojas. Embarqué con el recuerdo quemándome: su polla dura, mis gemidos, esa urgencia loca. En el avión, sonrisa pícara. Otra aventura en mi bagaje a mano.