Estaba en escale en Frankfurt, vuelo retrasado tres horas. El olor a café quemado del bar del aeropuerto me tenía harta. Anuncios de vuelos por los altavoces, ‘Aterrizaje del vuelo LH123…’, climatización helada que me ponía la piel de gallina. Me pedí un gin-tonic, sola en la barra, pensando en masturbarme en el baño si no pasaba nada.
Entonces la vi. Greta, rubia, unos 45, grandota, tetas enormes apretadas en una blusa. ‘¿Española?’, me dijo con acento alemán, sonrisa pícara. ‘Sí, de Madrid. ¿Y tú?’. ‘De aquí cerca, trabajo en el hotel del aeropuerto. Mi vuelo sale mañana. ¿Quieres compañía?’. Sus ojos bajaron a mis piernas cruzadas, mi falda corta. Sentí el pulso acelerado. Anonimato total, nadie nos conocía. ‘Vale, vamos’, le dije, adrenalina subiendo. Caminamos al hotel al lado, shuttle gratis, luces neón parpadeando.
El cruce de miradas en el bar del aeropuerto
Llegamos a su habitación. Draps blancos impersonales, olor a desinfectante y su perfume fuerte. ‘Tía, relájate’, me dijo quitándose el abrigo. Charla tonta, pero el aire cargado. Me contó que vivía con su jefa, Clotilde, una morena sexy. Reí, abrí su maleta por curiosidad. Lencería: tangas rojas, liguero negro, medias de nilón. ‘¿Puedo?’, pregunté juguetona. Ella asintió, ojos brillantes. Me desnudé rápido, piel erizada por la clim. Me puse la guêpière roja, tanga que me apretaba el coño, medias. Mi clítoris ya hinchado, rozando la tela.
Deambulé, excitada, tocándome. Bajé al salón de la suite, encendí la tele con anuncios de vuelos lejanos. Sentí su presencia. Me giré: Greta, en sujetador negro balconette, pezones duros asomando, tanga y liguero morado con medias de rejilla. ‘No molesto, ¿eh?’, voz grave. Miró mi coño depilado tensando la tanga. ‘Joder, estás buena así’. Me puse roja. ‘No se lo digas a nadie, porfa’. Ella rio. ‘Si encontramos un trato… Te pone cachonda la ropa de puta, ¿verdad? Mírate, goteas’. ‘Sí… eh… un poco’.
Me mandó a cuatro patas en la mesita. Sus manos en mi culo. ‘Buen culito firme’. Me palpó las tetas colgando, pellizcó pezones. Se frotó sus ubres en mi espalda, pezones duros en mi raie. Sacó un arnés del bolso, polla negra gorda. ‘Chúpala, zorra’. La embuché, saliva chorreando, mano en sus nalgas carnosas. Me la metía hasta la garganta, ‘Buena puta, trágatela’. Me corrí solo de mamarla, coño chorreando.
La follada brutal en la habitación
Me untó aceite en el culo. Dedos en mi ano virgen, luego la punta. ‘Relájate’. Empujó, duele al principio, me llenó el recto. ‘¡Joder, qué prieta!’. Me follaba el culo fuerte, palmadas, yo me tocaba el clítoris. ‘¡Más, rómpeme el ojete!’. Ella gemía, tetas rebotando. Se sacó, me puso sus tetas en la cara, me hizo pajera española. Grité al correrme, le pinté las ubres de lefa. Ella se masturbó el coño peludo, chorro en mi tripa.
De repente, puerta. Clotilde, 35, morena, curvas perfectas, falda corta, medias grises. ‘Veo que os divertís’. Greta sonrió. ‘Ven, jefa’. Clotilde abrió piernas, tanga al lado, coño rosado. Greta se lanzó a lamerle, lengüetazos en clítoris. ‘Desnúdate, guarra’, me ordenó Clotilde. Nuas las tres. La follé el culo a Greta con los dedos mientras ella comía coño. Clotilde me chupó la polla falsa, luego me la metió ella. Trío loco: 69 ellas, yo en medio lamiendo culos, dedeando. ‘¡Fóllame el coño, Chris! No, espera, soy Lola’. Nos corrimos a gritos, jugos por todos lados, olor a sexo denso.
A las 5 am, mi vuelo. Besos rápidos, ‘Vuelve, puta’. Salí con piernas temblando, coño dolorido, recuerdo quemando en mi cabeza. Anuncio final: ‘Embarque vuelo a Madrid’. Subí al avión, sonrisa pícara, lista para más aventuras.