Estaba en la sala de embarque, con ese olor a café quemado del bar del aeropuerto flotando en el aire. Mi vuelo retrasado tres horas. Me aburría, scrolling el móvil, cuando… sus ojos. Un tío alto, moreno, con esa mirada que te desnuda de golpe. Nuestros ojos se cruzan. Sonrío. Él duda, se acerca al bar. Pido un gin-tonic. Se sienta al lado.
—Hola… ¿esperando el mismo vuelo? —dice, voz grave, un poco nervioso.
El cruce de miradas en la sala de espera
—Sip, Madrid-Barcelona. Tres horas de mierda —respondo, cruzando las piernas, sintiendo la falda subir un poco.
Hablamos tonterías. Él, Frédéric, francés de paso. Yo, Ana, española perdida en rutas eternas. Las altavoces anuncian: “Vuelo AZ-456 retrasado”. El corazón me late fuerte. Anonimato total. En unas horas, cada uno a su vida. ¿Por qué no?
—¿Hotel cerca? Mi escala es corta, pero… —murmuro, mordiéndome el labio.
Él traga saliva. —Sí, el del aeropuerto. Habitación libre hasta las seis.
Decidido. Caminamos rápido, el eco de maletas rodando. En recepción, paga. Subimos. La clim del ascensor me eriza la piel.
La habitación: impersonal, sábanas blancas crujientes, olor a limpio y lejía. Cierro la puerta. Nos miramos. Él me besa, torpe al principio. Manos en mi culo, apretando.
—Joder, qué ganas —susurro, quitándole la camisa. Piel caliente, sudor leve.
Sus dedos bajan mi cremallera. Falda al suelo. Tanguita negra empapada ya. Él gime al verla. Le bajo los pantalones. Polla dura, gruesa, saltando libre. La agarro, dura como piedra, venas pulsando.
—Chúpamela —pide, voz ronca.
Me arrodillo en la alfombra áspera. Boca abierta, lengua en el glande. Salado, pre-semen. La engullo profunda, garganta apretada. Él gime, manos en mi pelo corto. Chupó fuerte, bolas en la mano, masajeando. Babas goteando.
El clímax urgente antes del vuelo
—Para, o me corro —jadea.
Me levanto, lo empujo a la cama. Sábanas frías contra mi piel caliente. Me monto encima. Coño chorreando, lo guío dentro. ¡Joder! Llenándome entera, polla gruesa abriéndome. Cabalgo salvaje, tetas botando. Él agarra mis caderas, embiste arriba. Clit frotando su pubis.
—Fóllame fuerte, cabrón —grito, uñas en su pecho.
Cambiamos. De lado, perrito. Me penetra brutal, huevos golpeando mi culo. Mano en mi clítoris, frotando rápido. Sudor mezclado, olor a sexo crudo. La clim zumba, contrastando el calor nuestro.
—Voy a correrme… —gime.
—Dentro no, en mi boca —ordeno.
Me giro, rodillas otra vez. Chorros calientes en mi lengua, tragando todo. Él tiembla. Yo exploto segundos después, dedos en mi coño, olas brutales.
Nos quedamos jadeando. Altavoz lejano: “Vuelo embarcando”. Ducha rápida, agua fría despertándonos. Nos vestimos en silencio, sonrisas cómplices.
—Ha sido… increíble —dice, besándome el cuello.
—Sin mañana. Buen vuelo.
Salgo primero, maleta en mano. Recuerdo su polla dura, mi coño palpitando aún. Subo al avión, sonrisa pícara. Ese polvo, mi souvenir ardiente en el equipaje de mano.