Estaba en la sala de embarque de Barajas, vuelo retrasado tres horas. El aire olía a café quemado del bar de al lado, mezclado con desinfectante. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Pasajeros a París, puerta 15’. Me aburría, scrolling el móvil. Entonces lo vi. Alto, moreno, ojos intensos, sentado solo con una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa. Él levantó la copa, yo guiñé. Me acerqué.
—Hola, ¿esperando también? —le dije, sentándome al lado.
El cruce de miradas en la sala de embarque
—Sí, a Nueva York. Tú?
—Barcelona. Escale eterna. Soy Laura.
—Pablo. ¿Quieres una copa? Para matar el tiempo.
Charlamos. Él de viaje de negocios, yo volviendo de unas ferias. Risas, roces casuales. Sentí esa chispa. El anonimato del aeropuerto, nadie nos conoce, volamos en horas. Adrenalina pura.
—¿Y si… escapamos un rato? Hay un hotel aquí al lado —murmuró, mano en mi rodilla.
Uf, dudé un segundo. Pero mi coño ya palpitaba. —Vámonos.
Pagamos rápido, salimos. El shuttle al hotel, silencio cargado. Recepción impersonal, llave magnética. Subimos. La habitación: clim frigida, zumbido constante, sábanas blancas crujientes, olor a limpio hotelero.
Cerró la puerta, me empujó contra ella. Beso salvaje, lenguas enredadas. Manos por todas partes. Me arranqué la blusa, él el pantalón. Su polla saltó dura, gruesa, venosa. Dios.
—Joder, qué rica estás —gruñó, chupándome los pezones.
Follada intensa en la habitación con urgencia
Le bajé los boxers, la cogí en la mano. Caliente, latiendo. Me arrodillé, lamí el glande, salado. La tragué entera, garganta profunda. Él gemía, manos en mi pelo. —Sí, chúpamela así, puta…
Me levantó, tiró en la cama. Sábanas frías contra mi piel caliente. Me abrió las piernas, olía mi humedad. —Mira cómo chorreas. —Boca en mi coño, lengua hurgando el clítoris, dedos dentro. Gemí fuerte, arqueándome. El clim helado erizaba mi piel, contraste brutal.
—No aguanto más —jadeó. Se puso condón, me penetró de un empujón. Llenándome toda. Follaba duro, embestidas rápidas. Camas chirriando.
—Cógeme el culo —le pedí, volcando. Espagué saliva, me metió un dedo. Luego dos. Preparándome. —Ahora.
Su polla en mi ano, apretado, ardiente. Dolor-placer. Empujó lento, luego salvaje. —¡Qué culo tan estrecho! —Pestadas húmedas, su vientre contra mis nalgas. Me masturbaba el clítoris, orgasmo brutal. Temblores, contracciones ordeñándole la verga.
Se corrió rugiendo, llenando el condón. Sudor, respiraciones agitadas. Minutos. Besos suaves.
Pero urgencia: vuelos. Miramos relojes. Ducha rápida, agua caliente lavando jugos. Vestir a prisa. Bajamos, shuttle de vuelta.
En la puerta de embarque, beso final. —Ha sido increíble. Sin nombres, sin mañana.
—Adiós, desconocido. Guardo tu polla en mi memoria.
Anuncio: ‘Embarque a Barcelona’. Me fui, coño dolorido, sonrisa pícara. Equipaje a mano con secreto ardiente. Volando alto, recordando cada embestida.