Mi escale ardiente en el hotel del aeropuerto

Estaba en Madrid-Barajas, escale de cuatro horas entre vuelos. Cansada del viaje, me senté en la sala de embarque con un café en la mano. Olía a espresso quemado, mezclado con ese aire reciclado de aeropuerto. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Pasajeros a París, puerta 15’. Miraba el móvil, aburrida, cuando lo vi. Alto, moreno, unos 35, con una camiseta ajustada que marcaba pectorales. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió. Yo le devolví una sonrisa pícara. ¿Por qué no? Soy de esas que adoran el anonimato del viaje, follar sin mañana, esa adrenalina de saber que en horas me largo.

Se acercó, con una cerveza en la mano. ‘¿Escale larga?’, dijo con acento italiano. ‘Sí, tres horas muertas’, respondí, cruzando las piernas. Charla fluida: él, Luca, de Milán, volaba a Roma. Solteros los dos, abiertos al rollo. ‘Hay un hotel al lado, 50 euros la hora’, soltó de repente. Dudé un segundo, el corazón latiendo fuerte. ‘Vale, vamos’. Pagamos rápido, salimos al frío de la noche, el ruido de aviones despegando de fondo.

El cruce de miradas en la sala de embarque

La habitación era impersonal: sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando frío, olor a limpio sintético. Ni besos románticos. Directo al lío. Luca me empujó contra la puerta, manos en mi culo. ‘Quítate la falda’, gruñó. Me la bajé, sin bragas, coño ya húmedo. Él se sacó la polla: gruesa, venosa, tiesa como una barra. ‘Chúpamela’, ordenó. Me arrodillé en la moqueta áspera, la metí en la boca. Sabía a sudor limpio, pre-semen salado. La mamé hondo, garganta apretada, babeando. ‘Joder, qué buena boca’, jadeó, agarrándome el pelo.

Me levantó, me tiró en la cama. Sábanas frías contra mi piel caliente. Abrió mis piernas, lamió mi coño con lengua ansiosa. ‘Estás empapada, puta’, murmuró. Gemí, arqueándome. Dos dedos dentro, frotando el punto G, chupando el clítoris hinchado. No aguanté: ‘Fóllame ya’. Se puso condón, me penetró de un empujón. Polla dura reventándome el coño, embestidas brutales. La cama chirriaba, AC helado erizándome pezones. ‘Más fuerte’, pedí. Me dio la vuelta, a cuatro patas. Escupió en mi culo, dedo dentro. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, métemela’. Empujó lento, abriéndome el ano. Dolor placer, polla gruesa partiéndome. Me follaba el culo como un animal, nalgas chocando, sudor goteando.

La follada intensa sin tiempo que perder

Cambié posición: encima, cabalgándolo. Coño tragando su polla, tetas botando. Él pellizcaba pezones, ‘Córrete, zorra’. Orgasmos en cadena: primero vaginal, temblores, chorros mojando sábanas. Luego anal, gritando bajito por no despertar al de al lado. Él no duró: ‘Me corro’. Sacó, quitó condón, semen caliente en mi boca. Tragué todo, salado espeso.

Minutos después, ducha rápida, olor a jabón barato. Vestidos, él: ‘Ha sido brutal’. Yo: ‘Sin números, ¿eh?’. Sonrisa, beso fugaz. Bajamos, mi vuelo anunciándose. Lo vi alejarse hacia su puerta. En el avión, coño y culo palpitando, sonrisa en la cara. Recuerdo ardiente en mi equipaje de mano, listo para el próximo destino.

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