Estaba en escala en Barajas, Madrid, volviendo de un curro en París. Mi vuelo a Bogotá salía al amanecer, unas seis horas de libertad. Me metí en el hotel del aeropuerto, uno de esos impersonales con habitaciones blancas y climazo helado. Olía a café quemado del lobby, y las megafonías anunciaban vuelos retrasados en loop. Me pedí un gin-tonic en el bar, cansada pero cachonda. Los viajes me ponen así, ese rollo de nadie te conoce, te vas en nada y cero compromisos.
Lo vi entrar, alto, moreno, con pinta de ejecutivo perdido. Ojos que me clavaron directo. Se sentó al lado, pidió una birra. ‘¿Escale eterna, eh?’, dijo con acento francés. Sonreí, ‘Sí, joder, seis horas muertas’. Charlamos, él iba a Nueva York, conexión fallida. Se llamaba Pierre o algo, no importa. Sus manos grandes, olor a colonia fresca mezclada con sudor de avión. El bar vacío, solo el zumbido de las neveras y un anuncio lejano: ‘Vuelo AF-123 a París, puerta 45’. Nos miramos fijo, la química explotó. ‘¿Subimos?’, murmuró. Dudé un seg, ‘Venga, por qué no’. Adrenalina pura, coño palpitando ya.
El cruce de miradas en el bar
Subimos al quinto, habitación estándar: sábanas blancas crujientes, aire acondicionado pitando frío en la piel. Cerró la puerta, me besó duro, lengua invasora. Le quité la camisa, torso duro, vello negro. ‘Joder, qué ganas’, gemí. Se rio bajito, ‘Muéstrame ese culo español’. Me puse de rodillas, le bajé los pantalones. Polla gorda, venosa, ya tiesa. La olí, salada, varonil. La mamé despacio, lengua en el capullo, bolas en la mano. Él jadeaba, ‘Putain, qué boca’. Me levantó, me tiró en la cama, sábanas frías contra mi espalda sudada.
Me arrancó las bragas, dedo en el coño húmedo. ‘Estás chorreando’, gruñó. Lamí sus huevos, mordí suave. Quería su polla dentro, pero él miró el reloj: ‘Tenemos poco tiempo, quiero tu culo’. Aceite del minibar, untó su verga brillante. Me puse a cuatro, nalgas abiertas. ‘Empújala, Pierre’. Entró lento, ardor delicioso, estirándome. ‘¡Coño, qué prieto!’, rugió. Embestidas fuertes, piel contra piel, slap-slap. El clim roncaba, cubría mis gemidos. Me tiré hacia atrás, cabalgándolo, ano tragándosela entera. ‘¡Fóllame más duro!’, grité. Me agarró el pelo, tiró, polla hundiéndose hasta las bolas. Sudor goteando, olor a sexo crudo, café del pasillo filtrándose.
La follada urgente en la habitación
Cambié, encima, untada en aceite, girando caderas. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. ‘Me vengo’, avisó. ‘Dentro, lléname el culo’. Rugió, chorros calientes inundándome. Yo me corrí temblando, clítoris frotado, olas por todo el cuerpo. Quedamos jadeantes, polla saliendo con pop, semen chorreando por muslos. Beso rápido, risas nerviosas.
Sonó su alarma. ‘Mi vuelo’. Se vistió a prisa, yo igual. Abajo, lobby desierto, anuncio: ‘Vuelo IB-456 a Bogotá, embarque en 20’. ‘Ha sido… brutal’, dijo guiñando. ‘Sin nombres, sin mañana’, respondí. Se fue a su puerta, yo al duty free con su semen aún tibio en mi culo, sonrisa pícara. Maleta en mano, subí al avión, recuerdo quemándome entre las piernas. Los viajes son esto: fuego fugaz, cero arrepentimientos.