Estaba en la sala de embarque, vuelo retrasado tres horas. El aire olía a café quemado y a esos desinfectantes baratos. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Pasajeros a Madrid, puerta 12’. Me aburría, piernas cruzadas, falda subiendo un poco. Entonces, lo vi. Alto, moreno, ojos que clavaban. Nuestras miradas se cruzaron, sonrisa rápida. Me levanté, bar al lado. Pedí un gin-tonic, él se acercó.
—Hola, ¿esperando el mismo vuelo? —dijo, voz grave, acento francés quizás.
El cruce de miradas en la sala de espera
—Sí, eterna escala. ¿Tú?
—Igual. Me llamo Alex. ¿Quieres compañía?
Reí bajito. El anonimato del aeropuerto me ponía cachonda. Nadie nos conocía, volábamos en horas. Le conté mi rollo: viajo sola, me flipa el sexo rápido, sin compromisos. Él sonrió, mano en mi muslo. ‘Yo igual. Hotel aquí al lado, ¿vamos?’. Corazón latiendo fuerte. Sí, joder, por qué no.
Llegamos al hotel, recepción impersonal, llave magnética. Habitación fría, aire acondicionado zumbando, sábanas blancas crujientes. Olía a limpio sintético. Nos besamos contra la puerta, lenguas urgentes. Le quité la camisa, torso duro. ‘Quieta’, murmuró, pero yo mandaba. Saqué mi bufanda, le até las manos atrás. ‘Hoy controlo yo. Aguanta, cabrón’.
Se desnudó rápido, polla tiesa, gorda, venosa. Me masturbé delante, coño chorreando, dedos hundiéndose. Él jadeaba, polla palpitando. ‘Joder, déjame tocarte’. No. Lo hice esperar, ducha rápida, agua caliente lavando mi piel. Salí, él aún atado, mirándome las tetas. Sonó el teléfono: room service, pedí pizzas, 20 minutos.
Mientras, le conté mi primera follada, él erecto perdido. Yo abierta de piernas en la cama, dedo en el clítoris, labios hinchados. ‘Mira cómo mojo’. Polla suya goteando precum. Sonó la puerta. ‘Quédate en baño’, le dije. Fui yo, en su camisa larga. Abro: no un tío, una tía, morena guapa, uniforme ajustado.
Follada intensa sin mañana
—Pizzas. ¿Para quién?
—Para un amigo. Espera… ¿te unes? Él está… atado.
Ella rió, ojos brillantes. ‘¿En serio? Suena divertido’. Entró. Lo vio desnudo, polla enorme. Se sonrojó. ‘Joder, qué pedazo’. Yo detrás: ‘¿Te excita?’. ‘Sí… no lo había visto así’. Empecé a subirle la blusa, vientre plano, sujetador negro. Bajé la cremallera de su falda, tanga igual, pelos rubios asomando. Polla de él hinchándose más.
Interfono otra vez? No, pizzas listas. Las metí al horno micro. Volvimos. ‘Quítate todo’, le dije a ella, Sara se llamaba. Se arrodilló ante él, polla en boca. Chupaba profundo, saliva goteando. Yo: ‘Traga todo, puta’. Él gruñó, explotó: chorros en su garganta, cara, pelo. Joder, orgasmo brutal, huevos llenos toda la tarde.
Puse pizzas en su vientre desnudo. Él comía sin manos, entre sus piernas abiertas, coño expuesto, oliendo a sexo. Lengüetazos entre pizzas, ella gimiendo. Acabó corriéndose en mi boca, jugos dulces. Yo me corrí viéndolos, dedos dentro.
Desaté sus manos. Preservativo on, la follé despacio primero, luego brutal: polla embistiendo coño apretado, tetas botando. Gritaba ‘¡Fóllame más!’. Eyaculamos juntos, condón lleno. Sara lamió mi leche de sus tetas.
Amaneció. Anuncios de vuelos en recepción. Nos besamos rápido. ‘Ha sido increíble’, dijo él. Sara sonrió: ‘Sin nombres reales’. Bajamos, cafés fríos. Mi vuelo. Maleta en mano, coño aún palpitando, recuerdo ardiente. Adiós, extraños. Volveré a viajar.