Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de cuatro horas antes de mi vuelo a Barcelona. Lluvia fuera, olor a café quemado en el bar. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Vuelo a París, puerta 15, embarque inmediato’. Me senté con un cortado, cansada del viaje. Llevaba falda corta, blusa ajustada, porque ¿por qué no? Soy de esas que adoran el anonimato de los aeropuertos.
Lo vi entrar. Alto, moreno, unos 40, traje arrugado como si viniera de una ruptura. Nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió, yo bajé la vista… pero volví a mirarlo. Se acercó, ‘¿Española? Yo de aquí, escale eterna’. Hablamos. Se llamaba algo como Luis, venía de un lío con su ex, necesitaba distraerse. Yo, soltera empedernida, le conté de mi adicción a los encuentros fugaces. ‘¿Hotel cerca?’, preguntó. Dudé un segundo, el corazón latiendo fuerte. ‘Sí, joder, vámonos antes de que pierda el vuelo’.
El cruce de miradas en la sala de espera
Cogimos un taxi rápido al hotel del aeropuerto. Climatización helada en el lobby, olor a desinfectante. Habitación impersonal, sábanas blancas crujientes, luces tenues. Apenas cerramos la puerta, nos besamos con hambre. ‘Me pones cachonda’, le dije, mordiéndole el labio. Él me empujó contra la pared, manos bajo mi falda, ‘Estás empapada, puta’. Saqué su polla dura, gruesa, venosa. ‘Joder, qué pedazo’, murmuré, arrodillándome.
Se la chupé voraz, saliva chorreando, bolas en la mano. ‘Así, cabrona, trágatela toda’. Me folló la boca, gimiendo bajo, mientras yo me tocaba el coño. Me levantó, tiró en la cama. Falda arriba, braga a un lado, lengua en mi clítoris. ‘Sabes a miel, zorra’. Lamía fuerte, dedos dentro, me corrí gritando, ‘¡Sí, joder, no pares!’. Anuncios de vuelos lejanos por la ventana entreabierta.
La follada urgente en la habitación
Me puso a cuatro patas, polla en mi coño de un empujón. ‘¡Qué apretada!’, gruñó, embistiendo brutal. Cachetazos en el culo, pelo tirado. ‘Fóllame más duro, cabrón’. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, tetas rebotando, sus manos apretándolas. ‘Córrete dentro, no hay tiempo para condón’. Sudor, piel pegada, clim fría contra cuerpos calientes. Me dio la vuelta, misionero feroz, polla golpeando fondo. ‘Me vengo, puta’, y sentí su leche caliente llenándome, yo explotando otra vez, uñas en su espalda.
Un polvo tras otro, tres veces en hora y media. Ducha rápida, agua hirviendo, dedos en mi culo prometiendo más. Vestidos a prisa, sábanas revueltas. ‘Ha sido brutal’, dijo besándome. ‘Sin nombres reales, sin mañana’. Bajamos, taxi de vuelta. En la sala de embarque, mirada última, sonrisa cómplice. Mi vuelo anunciado. Me fui con el coño palpitando, su semen goteando, ese recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Adrenalina pura, el mejor escale de mi vida.