Estaba en esa maldita escale en el aeropuerto de Madrid. Mi vuelo a Barcelona retrasado tres horas. El aire olía a café quemado y a hamburguesas recalentadas. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Atención, vuelo EK127 a Dubái…’. Me senté en el bar, con mi maleta a los pies, sudando bajo la chaqueta. Tenía ganas de algo, de liberar tensión. Viajar sola me pone cachonda, ese anonimato, saber que en unas horas todo acaba.
Lo vi entrar. Alto, moreno, ojos intensos. Parecía piloto o algo, con esa camisa ajustada. Pidió un whisky. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí. Él dudó, euh… levantó su vaso. Me acerqué. ‘¿Escale eterna también?’, le dije, voz ronca. ‘Sí, cuatro horas hasta Nueva York’, contestó, acento italiano. Charla tonta: vuelos, jet lag. Pero el roce de su rodilla contra la mía… chispa. ‘¿Hotel cerca?’, preguntó de repente. Mi coño se mojó al instante. ‘Vamos’, susurré. Adrenalina pura. Ningún nombre, solo eso.
El cruce de miradas en la sala de espera
Caminamos rápido al hotel del aeropuerto. Vestíbulo frío, clim rugiendo. Ascensor: manos ya en mi culo. ‘Eres fuego’, murmuró. Puerta cierra. Draps blancos impolutos, olor a limpio y lejía. Me arranqué la blusa. Él, pantalón abajo. Polla dura, gruesa, venosa. ‘Joder, qué pedazo’, gemí. Lo empujé a la cama. Boca en su cuello, mordiendo. Manos en sus huevos, apretando suave. Él me volteó, falda arriba. ‘Sin bragas, puta’, rio. Dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando’.
Me abrió las piernas. Lengua en mi clítoris, lamiendo fuerte. Grité: ‘¡Sí, chúpame!’. Dos dedos dentro, follando rápido. Orgasmo vino rápido, temblando. ‘Ahora mi turno’, gruñó. Me puso a cuatro patas. Polla rozando mi entrada. ‘Fóllame ya’, supliqué. Entró de un golpe, hasta el fondo. ‘¡Qué coño tan apretado!’, jadeó. Embestidas brutales, cama crujiendo. Clim helado en la piel sudada. Sudor goteando. ‘Más fuerte, rómpeme’, chillé. Me agarró el pelo, tirando. Polla hinchada, follándome como animal.
Pasion urgente en la habitación fría
Cambié posición. Arriba, cabalgando. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. ‘Córrete dentro’, le dije. Ritmo frenético. Anuncios de vuelos lejano, recordándonos el tiempo. Él debajo, bombeando. ‘Me vengo’, avisó. Eyaculó caliente, llenándome. Yo seguí moviéndome, corriéndome otra vez, coño contrayéndose en su polla.
Agotados, jadeando. ‘Increíble’, murmuró. Miré reloj: dos horas voladas. Ducha rápida, agua caliente lavando semen y sudor. ‘Vuelvo a mi vida’, dije besándolo. Él sonrió: ‘Yo a la mía’. Bajamos. Último beso en el lobby. Mi vuelo anunciado. Maleta en mano, coño palpitando aún. Subí al avión con ese fuego en el cuerpo, secreto ardiente en mi equipaje de mano. Mañana, todo olvidado. Pero joder, qué noche.