Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto durante la escala

Déjame contarte lo que me pasó hace unas semanas. Estaba en escala en Barajas, Madrid, volviendo de un curro en Barcelona. Mi vuelo salía en cinco horas, así que pillé habitación en el hotel del aeropuerto. No aguantaba más la sala de espera. Olía a café quemado por todos lados, y las voces grabadas anunciando vuelos… ‘Última llamada para el vuelo a París…’

Bajé al bar del lobby, pedí un gin-tonic para relajar. Llevaba falda corta, blusa escotada, nada de sujetador. Me encanta esa libertad en viajes. Me siento al lado de un tío guapo, unos cuarenta, traje arrugado, mirada hambrienta. Nuestros ojos se cruzan. Sonrío. Él dice: ‘¿Escale eterna, eh?’ Río. ‘Sí, y sola. Tú?’ ‘Igual, vuelo a Nueva York en cuatro horas.’

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

Charlamos. Se llama Pablo, empresario. Flirteo directo. ‘Eres preciosa, ¿viajas mucho?’ ‘Sí, y adoro el anonimato. Nadie sabe quién eres aquí.’ Manos rozan. Su rodilla contra la mía. Siento el calor. ‘¿Subimos? Mi habitación está arriba.’ Dudo un segundo. ‘Joder, ¿por qué no? Solo unas horas.’ Adrenalina pura. Sabía que me iría sin mañana.

Subimos. Ascensor frío, aire acondicionado helado erizando mi piel. Puerta cierra. Nos comemos la boca. Lenguas urgentes, mordiscos. Sus manos bajan mi falda. ‘Qué coño tan rico llevas.’ String negro, ya mojado. Me empuja a la cama. Sábanas blancas, crujientes, impersonales. Perfecto. Le arranco la camisa. Pecho duro, olor a colonia y sudor.

Kneelo. Le bajo los pantalones. Polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mmm, qué pedazo.’ La chupo. Boca llena, saliva goteando. Él gime: ‘Joder, qué bien chupas.’ Lengua en el glande, bolas en mano. Me folla la boca suave, luego fuerte. ‘Para, o me corro.’ Río. ‘Aún no.’ Me tumba. Abre mis piernas. ‘Mira qué coño depilado, chorreando.’ Dedos dentro, dos, tres. Busca el G. Gimo alto. ‘¡Sí, ahí!’

El polvo intenso en la habitación con urgencia de escala

Clima gélido, piel de gallina, pero ardo. Me lame el clítoris. Lengua experta, succiona. Piernas tiemblan. ‘Me voy a correr…’ Él acelera. Orgasmazo. Chorros en su boca. ‘Deliciosa.’ Ahora él. Me monta. Polla entra de golpe. ‘¡Qué apretada!’ Follo duro. Cama chirría. ‘Más fuerte, rómpeme.’ Cachetazos en culo, pellizcos pezones. Sudor mezclado. Cambiamos. Yo arriba, cabalgo salvaje. Polla profunda, rozando útero. Sus manos en mis tetas. ‘Córrete dentro.’ Él ruge, se corre. Lleno de leche caliente.

No paramos. Segundo asalto. De lado, él detrás. Dedo en culo mientras folla coño. ‘Puta viciosa.’ ‘Sí, fóllame todo.’ Otro orgasmo mío, gritando. Él se corre otra vez, en mi boca esta vez. Trago todo, salado, espeso.

Anuncios de vuelos retumban lejano. Miramos reloj. Dos horas voladas. ‘Ha sido brutal.’ Beso rápido. Me visto. Falda arrugada, bragas empapadas. Él: ‘Vuelve algún día.’ ‘Quizá.’ Salgo. Aire frío lobby, olor café otra vez. Embarco con coño palpitando, leche goteando piernas. Recuerdo ardiente en mi equipaje mano. Nadie sabe. Mi secreto de escala.

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