Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto durante la escala

Estaba en escala en Barajas, Madrid, volviendo de un viaje de trabajo. Eran las once de la noche, mi vuelo salía a las seis de la mañana. Olor a café quemado del bar del aeropuerto, anuncios de vuelos retumbando cada dos minutos. Me pedí un gin-tonic para matar el tiempo, sentada en la barra, con mi falda corta y blusa ajustada. Pelo castaño suelto, ojos verdes cansados pero cachondos.

Lo vi entrar. Alto, moreno, unos cuarenta, traje arrugado, barba de tres días. Parecía piloto o empresario estresado. Pidió una cerveza, sus ojos se clavaron en mis tetas. Sonreí, crucé las piernas despacio. Él se acercó, ‘¿Esperando el mismo vuelo?’, dijo con acento italiano. ‘Sí, pero con ganas de algo más que esperar’, respondí, mordiéndome el labio. Charlamos tonterías: el jet lag, el calor pegajoso. Sus manos rozaban la barra cerca de las mías. Sentí la electricidad. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos. ¿Una siesta?’, propuso, voz ronca. Dudé un segundo, el corazón latiendo fuerte. ‘Vámonos antes de que me arrepienta’. Pagamos y salimos, el aire fresco de la noche golpeándonos.

El cruce de miradas en la sala de embarque

La habitación era impersonal: sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando frío, luces tenues. Cerró la puerta y me besó con hambre, lengua invasora, manos apretando mi culo. ‘Joder, qué ganas tenía de follarte desde la barra’, gruñó. Le arranqué la camisa, mordí su pecho peludo. Olía a colonia cara y sudor. Caímos en la cama, falda subida, bragas a un lado. ‘Chúpame el coño ya’, le pedí, abriendo las piernas. Se arrodilló, lengua lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris como loco. Gemí fuerte, ‘¡Sí, así, cabrón!’. Metió dos dedos, bombeando rápido, mi jugo chorreando por sus manos. Me corrí temblando, arqueando la espalda.

Me puse encima, saqué su polla dura, gorda, venosa. ‘Qué pedazo de verga’, murmuré, lamiendo el capullo salado. La tragué entera, garganta profunda, bolas en la mano. Él jadeaba, ‘Mamma mia, qué boca’. No aguantó mucho, pero se contuvo. Me volteó, polla contra mi entrada mojada. ‘Fóllame fuerte, no tenemos tiempo’, le urgió. Entró de un empujón, rompiendo todo, coño apretado tragándosela. Bombeó salvaje, tetas rebotando, piel sudada pegándose. ‘¡Más rápido, joder!’, grité. Cambiamos: yo a cuatro patas, él dándome azotes, polla entrando hasta el fondo. ‘Tu coño es una puta maravilla’, gemía. Metió un dedo en mi culo, doble penetración, me volví loca. Corridas una tras otra, jugos mezclados.

Pasion brutal en la habitación con urgencia

Me puso contra la pared, levantándome una pierna, follando de pie con urgencia. Sudor goteando, anuncios de vuelos lejanos en la tele. ‘Me voy a correr dentro’, avisó. ‘¡Sí, lléname de leche!’, supliqué. Eyaculó caliente, chorros llenándome, desbordando por mis muslos. Colapsamos, respirando agitados. Limpieza rápida en el baño, olor a sexo impregnado.

A las cinco, alarma. Beso rápido, ‘Ha sido brutal, guapa’. Él al check-in, yo recogiendo mi maleta. Salí con el coño palpitando, semen secándose en las bragas, sonrisa pícara. Vuelo despega, recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Ningún nombre, solo placer fugaz.

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