Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado tres horas. Me senté en el bar de la terminal, con esa olor a café quemado y hamburguesas recalentadas flotando en el aire. Vestida con falda corta negra, top escotado, sin bragas debajo. Me encanta esa libertad en los viajes, saber que nadie me conoce, que en unas horas me iré.
Pedí un gin-tonic. Ahí lo vi. Alto, moreno, traje algo arrugado. Nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió, pícaro. Levantó su copa. Me acerqué. ‘¿Vuelo perdido?’, dijo con acento italiano. ‘Retrasado. ¿Y tú?’. ‘Igual. Soy Luca. ¿Cerveza?’. Charlamos. Adrenalina pura. Sabía que volaba en dos horas. Él en una. ‘Hay un hotel al lado del aeropuerto. ¿Vienes? Solo unas horas, sin compromisos’.
El cruce de miradas en la sala de embarque
Dudé un segundo. El anuncio de vuelos retumbaba: ‘Vuelo IB-345 a Roma, puerta 12’. Corazón latiendo fuerte. ‘Vale, vamos’. Caminamos rápido, su mano rozando mi culo. Check-in express. Ascensor. Ya se besaba mi cuello. ‘Eres una puta caliente’, murmuró. Me mojé al instante.
La habitación: aire acondicionado helado, sábanas blancas impolutas, olor a limpio y lejía. Puerta cerrada, urgencia total. Me empujó contra la pared. ‘Quítate todo’. Falda arriba, top roto. Sus manos everywhere. ‘Mira qué coño tan depilado y húmedo’. Metió dos dedos directo, chapoteando. Gemí. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’.
Me tiró en la cama. Polla enorme, venosa, ya dura como piedra. La chupé voraz. ‘Joder, qué boca de zorra’. Saliva por todos lados, bolas en mi lengua. Él gruñía. ‘Trágatela entera’. La tragué hasta la garganta, arcadas, pero seguí. Luego me abrió las piernas. ‘Voy a destrozarte el coño’. Entró de un golpe. Dolor-placer brutal. Bombeaba fuerte, cama crujiendo.
La urgencia del polvo antes del vuelo
‘¡Más duro!’. Cambiamos. A cuatro patas, él atrás, cacheteadas en el culo. ‘Eres mi puta de aeropuerto’. Dedos en mi ano, lubricado con mi propia leche. ‘¿Quieres por el culo?’. ‘Sí, métemela’. Escupió, empujó. Anal intenso, quemaba, pero adictivo. Follando como posesos, sudor mezclado, piel pegajosa.
Me puso encima. Cabalgué su polla, tetas rebotando. Él pellizcaba pezones. ‘Córrete, zorra’. Orgasmos en cadena. Yo chorreando, él gruñendo. ‘Me voy a correr dentro’. ‘¡Sí, lléname!’. Eyaculó chorros calientes, desbordando. Colapsamos, jadeando. Reloj: una hora menos.
Ducha rápida, agua caliente contrastando el frío de la habitación. Besos. ‘Ha sido increíble’. Él: ‘Vuelve a Italia algún día’. Bajamos. Anuncios de vuelos otra vez. Nos separamos en la terminal. Su vuelo primero. Un último beso robado. Yo al mío, coño palpitando, semen goteando aún. Recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Mañana, solo un sueño húmedo más.