Estaba en el aeropuerto de Madrid, vuelo a Barcelona retrasado por nieve. Joder, qué frío. Me senté en el bar, olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Atención, vuelo IB-3452…’. Pedí un gin-tonic para entrar en calor. Ahí lo vi. Alto, ojos intensos, solo con su maleta. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí. Él se acercó.
—Hola… ¿Retraso también? —dijo, voz grave.
El retraso que lo cambió todo
—Sí, unas horas. Me llamo Ana. Tú?
—David. ¿Quieres compañía? Esta espera es eterna.
Hablamos. Nerviosa, saqué el móvil. Llamada de mi novio: ‘¿Dónde estás?’. Mentí: ‘En el curro, overtime’. Colgué rápido. Él hizo lo mismo, ‘amor, estoy en meeting’. Reímos. La química chispeaba. ‘¿Y si nos escapamos al hotel de al lado? Solo unas horas libres’, propuso. Corazón latiendo fuerte. ‘Vale, pero sin compromisos. Me voy al amanecer’.
Caminamos bajo la lluvia fina, luces del aeropuerto parpadeando. Check-in rápido, habitación estándar: sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando frío, olor a limpio impersonal. Cerró la puerta. Silencio.
Fuego en la habitación antes del amanecer
Me besó contra la pared. Manos urgentes. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Le arranqué la camisa, piel caliente contra el frío. Sus dedos bajaron mi falda, bragas al suelo. ‘Estás empapada’, dijo riendo. Yo, jadeando: ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’.
Lo empujé a la cama. Le bajé los pantalones. Su polla dura, gruesa, saltó libre. La chupé ansiosa, lengua alrededor del glande, saliva goteando. ‘Mmm, qué boca’, gimió. Él me tumbó, piernas abiertas. Lamía mi coño como loco, clítoris hinchado, jugos por su barbilla. ‘¡Sí, así!’. Metió dos dedos, bombeando fuerte. Gemí alto, eco en la habitación.
Me montó. Polla entrando de golpe, estirándome. ‘¡Hostia, qué prieta!’. Empujones brutales, cama chirriando. Sudor mezclado, piel pegajosa. ‘Más duro, cabrón’. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, tetas rebotando. Él pellizcaba pezones, mordía cuello. ‘Me corro, Ana…’. ‘Dentro, lléname’. Explosión caliente, semen chorreando. Yo seguí frotando clítoris hasta correrme temblando, grito ahogado.
Descansamos jadeando, su mano en mi culo. ‘Eres una puta increíble’, susurró. Reí: ‘Solo por esta noche’. Mirada al reloj: 4 AM. Mi vuelo a las 6.
Nos vestimos rápido. Beso largo en la puerta, sabor a sexo en la boca. ‘Adiós, desconocido. Guardo tu leche en mi coño como souvenir’. Bajé sola al aeropuerto, piernas flojas, sonrisa pícara. Anuncios otra vez: ‘Embarque vuelo IB-3452’. Me fui con el recuerdo quemándome, lista para la vida normal. Pero joder, qué polvo.