Mi noche loca en el hotel del aeropuerto con un desconocido travieso

Estaba en escala en Orly, París. Vuelo retrasado hasta mañana. Hotel cutre al lado del aeropuerto. Olor a café quemado en el bar, anuncios de vuelos retumbando de fondo. “Vuelo IB-347 a Madrid, puerta 12”. Me pedí un gin-tonic, sola en la barra, pensando en matar el tiempo. Piernas cruzadas, falda corta, sudando un poco por la humedad.

Lo vi entrar. Joven, unos 20, delgado, piernas largas, culo perfecto. Pelo corto castaño, maquillaje ligero, falda beige plisada, sandalias de tacón bajo. Parecía una chica tímida, pero algo en su mirada… nerviosa, excitada. Se sentó al fondo, pidiendo una cerveza. Nuestros ojos se cruzaron. Sonreí. Él apartó la vista, rojo. Volví a mirarlo. Esta vez sostuvo. Levanté mi copa, guiño. Se acercó, dudando.

El cruce de miradas en el bar

“Hola… ¿española?”, murmuró con acento francés suave. “Sí, de Madrid. Escala eterna. ¿Y tú?”. Se llamaba Alex, nuevo en París, estudiando. Vivía cerca, pero esa noche solo. Hablamos. Sentí su secreto. Piernas suaves, uñas pintadas. El bar se vaciaba, ruido de maletas rodando fuera. “¿Quieres subir? Mi habitación es anónima. Me voy en unas horas, cero dramas”. Dudó. “Yo… nunca…”. Pero sus ojos decían sí. Adrenalina pura. Anonimato del viaje. Perfecto.

Subimos. Ascensor chirriante, clim fría golpeando la piel. Puerta 305, llave magnética. Draps blancos impolutos, olor a desinfectante. Lo empujé contra la pared. Beso húmedo, lengua ansiosa. Manos en su falda, subiendo. String blanco de encaje. “Joder, qué guapa… ¿o guapo?”. Se rió nervioso. “Soy… travesti principiante. Primera salida así”. Le bajé la falda. Polla pequeña dura bajo el string, depilado liso. Culo redondo, callipigio total.

Lo tiré en la cama. Draps crujiendo. Le arranqué el string. Polla tiesa, precúm brillando. Chupé sus tetas falsas, mordí pezones. Bajé, lamí su polla entera, bolas suaves. Gemía: “Ay, Dios… no pares”. Le abrí las piernas, lengua en su culo virgen. Apestaba a jabón y excitación. Dedos dentro, lubricando. Él temblaba, clim zumbando.

El polvo urgente en la habitación

Me quité la ropa. Coño mojado, listo. Pero quería su culo. Saqué lubricante del bolso de viaje. Condón rápido. “Relájate, chulo”. Empujé mi dedo, luego dos. Él jadeaba: “Duele… pero rico”. Polla mía dura como piedra. La puse en su raja. Lentito al principio. Entró apretado, caliente. “¡Joder, qué estrecho!”. Bombeé fuerte, cama golpeando pared. Anuncios de vuelos lejanos: “Última llamada…”. Urgencia total. Sudor mezclado, olor a sexo crudo.

Le di la vuelta, a cuatro patas. Manos en sus caderas, polla entrando hasta fondo. Clavé uñas en su piel. “Fóllame más, puta”, gruñí. Él empujaba atrás, perra en celo. Sacó su polla, se pajeaba. Le metí mano, leche salpicando draps. Yo aceleré, coño palpitando sin tocar. Grité al correrme, chorros dentro del condón. Él colapsó, culo rojo de palmadas.

Minutos después, ducha rápida. Agua caliente, jabón barato. Nos vestimos en silencio. Mirada cómplice. “Inolvidable”, dijo besándome. Bajamos. Mi vuelo en una hora. Lo vi irse por el pasillo, falda arrugada. Yo al aeropuerto, maleta ligera. String mojado en mi bolso, recuerdo quemando. Adiós, París. Siguiente aventura.

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