Estaba en escale en el aeropuerto de Lyon, vuelo retrasado unas horas. Me metí en el hotel de al lado, uno de esos impersonales con habitaciones baratas. Olía a café quemado del lobby, y las anuncios de vuelos retumbaban de fondo, ‘vuelo AF123 a Madrid, puerta 15’. Me pedí un gin-tonic en el bar, cansada del viaje, con ganas de algo que me quitara el estrés. Llevaba falda corta, blusa suelta, nada planeado.
Ahí lo vi. Un tío maduro, unos 50, aspecto de obrero curtido, camisa arrugada, manos grandes. Me miró fijo, yo le devolví la mirada, sonrisa pícara. Se acercó, ‘¿Española? Yo de Auvergne, aquí por un curro en reformas’. Charlamos, voz ronca, olor a tabaco y sudor limpio. Habló de su pensión cutre cerca, yo de mi vuelo perdido. La química saltó, adrenalina del anonimato. ‘¿Subimos? Mi habitación está arriba, clim fría y cama grande’, dijo. Dudé un segundo, ‘Vale, pero sin compromisos, me voy en tres horas’. Subimos, ascensor zumbando, su mano rozó mi culo.
El cruce de miradas y la decisión impulsiva
Entramos, puerta clic, luces tenues, aire acondicionado helado erizando la piel. Draps blancos crujientes, olor a detergente. Me empujó contra la pared, beso hambriento, barba raspando. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Le bajé los pantalones, polla gruesa ya tiesa, venosa, oliendo a hombre. Me arrodillé, ‘Déjame chupártela primero’. La metí en boca, lengua girando el glande, aspirando fuerte. Él gimiendo, ‘Cojones, qué buena boca’. La pompéa variando, mejilla hinchada, dientes rozando sin morder, bolas en mano masajeando. Anuncios de vuelos lejano, ’embarque inmediato puerta 10′.
Me levantó, tiró falda, braga al suelo. ‘Tu coño está chorreando’, dedo dentro, húmeda yo. Me tiró en cama, piernas abiertas, polla frotando clítoris. ‘Fóllame ya, rápido’, supliqué. Entró de golpe, coño apretado tragándolo, embestidas brutales. Peso encima, sudor mezclándose, tetas rebotando. ‘Más fuerte, joder’, gemí. Él gruñendo, manos en mis caderas, polla hundiéndose profunda, golpeando cervix. Cambiamos, yo encima, cabalgando salvaje, clítoris frotando su pubis peludo. Sus manos amasando tetas, pellizcando pezones duros.
El polvo brutal con urgencia de escale
Me puse a cuatro, él detrás, nalgadas sonoras. ‘Qué coño tan rico, ancho y jugoso’. Dedos en ano rozando, yo arqueándome. Sudor goteando, piel pegajosa, cama chirriando. ‘Me corro’, avisó. ‘Dentro, lléname’. Eyaculó chorros calientes, coño rebosando semen espeso. Yo llegué temblando, contracciones ordeñándolo, jugos mezclados chorreando muslos. Grité bajito, ‘Sí, sí, hostia’.
Nos limpiamos rápido con toalla húmeda, olor a sexo impregnado. Él se duchó, yo me vestí. ‘Increíble, pero me voy’, dije besándolo leve. Bajé al lobby, anuncio ‘vuelo a Madrid, última llamada’. Salí con coño palpitando, semen resbalando aún, recuerdo ardiente en mi bagage a mano. Sin nombres reales, sin mañana, puro vicio de viaje.