Mi polvo rápido en el hotel del aeropuerto: puro vicio anónimo

Acabo de aterrizar en Barajas, escale de cuatro horas antes de mi vuelo a Bogotá. Estoy muerta de cansancio, pero el viaje me pone cachonda siempre. Esa adrenalina de no conocer a nadie, de follar y pirarme sin dar explicaciones. Me planto en el hotel del aeropuerto, el típico impersonal con habitaciones baratas para escalas. Huele a café quemado del bar de abajo, y en fondo suenan las anuncios de vuelos: ‘Última llamada para París…’

Pido un gin-tonic en la barra, cruzo las piernas, mi falda sube un poco mostrando el encaje de las medias. Ahí lo veo. Un tío de unos cuarenta, fuerte, cara cuadrada, moreno, con camisa ajustada que marca pectorales. Me mira fijo, yo le sostengo la mirada, sonrío. Se acerca, cerveza en mano. ‘¿Escala larga?’, dice con voz grave, acento andaluz. ‘Sí, cuatro horas muertas’, respondo, mordiéndome el labio. Charla tonta: él va a Nueva York por curro, yo de vacaciones. El aire acondicionado del bar me pone la piel de gallina, pero entre las piernas ya siento calor. ‘¿Subimos a mi habitación? Tiempo tenemos’, suelta de repente. Dudo un segundo, ‘Eh… ¿por qué no?’, digo riendo nerviosa. Agarro mi bolso, subimos en el ascensor. Manos que se rozan, tensión eléctrica.

El cruce de miradas en el bar

La habitación es fría, la clim zumbando fuerte, cama con sábanas blancas arrugadas, olor a detergente barato. Cierro la puerta y ya está sobre mí, besos duros, lengua metida hasta la garganta. ‘Joder, qué ganas tenía’, gruñe mientras me arranca la blusa. Sus manos grandes me aprietan las tetas, pellizca los pezones duros. Yo le bajo los pantalones, su polla salta tiesa, gorda, venosa. ‘Mmm, qué pedazo’, murmuro, me arrodillo y la chupo ansiosa. Boca llena, saliva chorreando, él me agarra el pelo: ‘Así, chúpala bien puta’. La mamada es salvaje, garganta profunda, bolas en la mano. Él gime, ‘Para o me corro ya’.

Follada urgente antes del vuelo

Me tira en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Me abre las piernas, falda subida, tanga a un lado. ‘Estás empapada, coño’, dice lamiendo mi clítoris hinchado. Lengua experta, chupando fuerte, dedos metidos en mi chocho chorreante. Gimo alto, ‘¡Sí, fóllame ya!’. No espera, me clava la polla de un empujón, dura como piedra. Bombeamos urgentes, cama crujiendo, sudor mezclándose. ‘Más fuerte, cabrón’, le pido arqueándome. Me pone a cuatro, nalgadas rojas, polla entrando hasta el fondo rozando el útero. Cambio de posición, yo encima cabalgando, tetas rebotando, él mamándome los pezones. ‘Me vengo, joder’, grito apretando su verga con el coño. Él se corre dentro, leche caliente llenándome, gemidos roncos.

Nos quedamos jadeando un rato, su polla aún medio dura dentro. ‘Ha sido brutal’, dice besándome el cuello. Miro el reloj: una hora para mi vuelo. ‘Me piro, no hay mañana’, digo sonriendo. Me visto rápido, beso fugaz, anuncio de mi vuelo retumba en el pasillo. Bajo corriendo, coño goteando su corrida, olor a sexo en mi piel. En el avión, asiento pegajoso de mi humedad, sonrío recordando esa polla anónima. Puro vicio de viaje, adiós desconocido.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top