Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de cuatro horas antes de mi vuelo a Barcelona. El olor a café quemado del bar me envolvía, mezclado con el zumbido de las anuncios de vuelos. ‘Vuelo EA-456 a París, puerta 12’. Me senté en la barra, con mi copa de vino tinto, cansada del viaje pero con esa adrenalina de estar sola, anónima. Llevaba un vestido negro ajustado, tacones, nada debajo porque… ¿por qué no?
Entonces lo vi. Un tío alto, traje impecable, unos cuarenta, francés por el acento cuando pidió su whisky. Nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió, pícaro, y se acercó. ‘¿Esperando vuelo?’, dijo con esa voz grave. ‘Sí, cuatro horas muertas’, respondí, mordiéndome el labio. Charlamos. Se llamaba Pierre, de paso a Nueva York. Soltero, divorciado, ojos que devoraban. ‘Este aeropuerto es un puto limbo’, rió. Yo sentí el cosquilleo. ‘¿Y si matamos el tiempo juntos?’, solté, directa. Él parpadeó, excitado. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos’. Pagué la copa, salimos. El aire fresco de la noche, luces de aviones despegando. Corazón a mil. Adrenalina pura, sabiendo que en unas horas me iría.
El cruce de miradas en el bar del aeropuerto
Llegamos al hotel cutre pero limpio, cerca de las pistas. La habitación olía a desinfectante y clim fría que erizaba la piel. Draps blancos impolutos, impersonales. Ni bien cerró la puerta, nos besamos como lobos. Sus manos bajaron por mi espalda, apretando mi culo. ‘Joder, qué ganas de follarte’, murmuró en mi oído, mordisqueando el lóbulo. Yo temblé. ‘¿Follar o hacer el amor?’, bromeé. ‘No, puta, quiero nيكarte duro, como una perra en celo’. Sus palabras me mojaron al instante. Puse mi dedo en sus labios. ‘Chis, quiero que me lo pidas tú también sucio’. Sus manos subieron a mis tetas, pellizcando pezones duros. La mía bajó a su polla, ya tiesa bajo el pantalón.
No aguanté. ‘Quiero chuparte la polla hasta que te corras’. Él gruñó, me apretó contra él. ‘Buena chica’. Me arrodillé, aún con vestido, tacones clavados en la moqueta. Desabroché su cinturón, cremallera, boxer. Su verga salió gruesa, venosa, goteando pre-semen. La besé, lamí el glande, metí en boca despacio. Él jadeaba, ‘Más hondo, joder’. Agarró mi pelo, marcó ritmo. Yo me volví loca, mamando como una puta, saliva chorreando, garganta abierta. ‘Para, o me corro ya’, dijo, tirándome arriba.
Follada brutal en la habitación con urgencia
Me giró contra la mesa, bajó tirantes, tetas libres. String arrancado de un tirón. ‘Qué coño tan mojado’, gruñó, metiendo dedos. Fessée seca en el culo. ‘¡Ah!’, grité, pero arqueé espalda. Más palmadas, alternando con caricias en labios hinchados. Me lamió el coño desde atrás, lengua en clítoris, dedos dentro. Grité, orgasmazo me dobló. ‘Ahora fóllame’, supliqué.
Me penetró de golpe, polla enorme partiéndome. Bombeó fuerte, culos chocando. Me volteó, subí piernas a su cintura, besos salvajes. Contra la pared, me levantó, follada en el aire. Al sofá, yo encima, cabalgando como loca. ‘Me voy a correr, trágatelo todo’, susurró. Bajé, mamé furiosa. Él explotó, leche caliente llenándome boca. Tragué, otro orgasmo me tumbó.
Desperté sudada, clim zumbando. Eran las 4 am, mi vuelo a las 6. Él dormía. Me vestí callada, beso en mejilla. ‘Adiós, desconocido’. Salí, anuncios de vuelos en eco. En el avión, coño palpitando, sonrisa pícara. Ese recuerdo quema en mi maleta de mano.